Juan José Toro Montoya

Wiphala y Cerro Rico

jueves, 14 de octubre de 2021 · 05:09

El gobierno ha cerrado oídos a todo consejo de prudencia y filas en torno a la wiphala. Se ha emperrado en que el símbolo colorido y cuadriculado tiene carácter nacional y ha desarrollado acciones reivindicativas que tienen mucho de imposición.

Yo llevo algún tiempo estudiando la wiphala y este año pude consultar a expertos en la mismísima España. Sobre esa base, publiqué un artículo afirmando que “la wiphala no es española” en el que se puede leer esta afirmación del vicepresidente de la Fundación de Estudios Vexilológicos de ese país, Tomás Rodríguez: “la whipala se basa en diseños de tejidos y pinturas prehispánicos”.

Por tanto, todas las versiones que quieren encontrar un origen español en la wiphala, o ubicarlo en invenciones o adaptaciones del siglo XX, están erradas porque ese símbolo es, nomás, muy antiguo.

Sin embargo, así como es cierto que es antiguo, y no una invención contemporánea, también es verdad que la wiphala tiene una representación geográfica limitada. Cerca de Copacabana, en La Paz, existe una peña ubicada entre los cerros Khopakati y Lokka que es denominada Whiphal Kjarkha. Allí está un pictograma con cuadros que, según el investigador Luis Soria Lenz, sería tiwanakota.  

Ergo, la wiphala es andina o, para ser más preciso, kolla; es decir, correspondiente a la cultura que floreció en los alrededores del Lago Titicaca. Otros pueblos igualmente andinos, como chichas, charcas, lipez y qaraqaras, no usaron el símbolo y no se les puede imponer que lo reconozcan como tal porque, técnicamente, no corresponde a su cultura.

La wiphala es la bandera de los kollas o, si quiere usar la terminología actual, de los aimaras. Si es abusivo imponerlo sobre los no aimaras, peor aún sobre los habitantes de las tierras bajas. Es, nomás, un símbolo territorial, no nacional.

No es el caso del Cerro Rico de Potosí.

La legendaria montaña fue una wak’a, una deidad o símbolo sagrado para la preincaica nación qaraqara y, cuando comenzó a ser explotado por los españoles, a partir de 1545, fue la razón para constituir la Real Audiencia de Charcas sobre cuya base se fundó Bolivia. Ergo, sin el Cerro Rico no habría existido este país.

Más aún, al fundarse Bolivia, el cerro sagrado fue incluido en el escudo, en el que permanece hasta hoy. El 9 de noviembre de 1990, la Ley 1197 lo declaró monumento nacional.

A diferencia de la wiphala, el Cerro Rico es un símbolo nacional, con una historia, tradiciones y herencia cultural que se extiende a todo el país. Pese a eso, el gobierno, que ha derrochado energías y recursos para defender a la wiphala, no hace nada para evitar que esa montaña se hunda. Si allí no hay irracionalidad, existe algo peor: complicidad con la mafia minera que está destruyendo el cerro sagrado.

 

Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.

 

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