Juan José Toro Montoya

Bolivia y las mentiras (I)

jueves, 28 de octubre de 2021 · 05:08

¿Se puede cambiar una realidad para reemplazarla por una mentira? Sí. Y, aunque parezca mentira, esto se ha venido haciendo desde siempre. Los que cambian la verdad, lógicamente, son los que tienen el poder para hacerlo y completan su tarea, primero, con algunos constructores de realidades actuales, que hoy llamamos periodistas, y, después, con algunos constructores de realidades pasadas; es decir, historiadores.

Hoy les mostraré cómo se cambió la realidad del Cerro Rico en los primeros años de existencia de la Villa Imperial de Potosí:

Documentos coloniales conservados en la Biblioteca Nacional de España y la Real Academia de la Historia, y cuyas copias legalizadas tengo en mi poder, demuestran que la montaña que hoy conocemos como Cerro Rico era una wak’a, una divinidad que era venerada en el lugar donde hoy está Potosí, que era un enorme santuario a cielo abierto. Quienes le rendían culto eran los habitantes de la cultura qaraqara.

Cuando los españoles comenzaron a explotarlo, los qaraqara se rebelaron, porque sentían que se estaba violando a su wak’a. Tras apagar los focos rebeldes, los españoles inventaron una historia: dijeron que, cuando el inca Huayna Capaj mandó a sus exploradores al Cerro Rico, este bramó (hizo “p’otoj”) y se escuchó una voz que decía que su plata era “para otros dueños” o, peor aún, “para dueños mejores”.

Esta mentira apareció primero en una relación que un ingeniero español, sevillano, llamado Luis Capoche, le escribió en 1585 al virrey Hernando de Torres y Portugal para persuadirle de bajar los tributos a la minería de aquel tiempo.

La versión de Capoche fue copiada (léase plagiada), tal cual, por el jesuita Joseph de Acosta que “hizo copy past” en su “Historia Natural y Moral de las Indias” que se publicó en 1590 y fue un éxito editorial, pues tuvo reediciones casi de inmediato.

La mentira de la montaña que brama se repitió y repitió a tal punto que los qaraqara, que fueron sometidos a la mita igual que los integrantes de decenas de ayllus, terminaron creyéndosela y, con los años, se olvidaron que su cerro era una wak’a y comenzaron a adorar a otras deidades, unas que venían en forma de vírgenes y santos.

Los potosinos se la creyeron a pie juntillas y siguen repitiendo la mentira hasta hoy, como si fuera verdad.

Gracias a esa mentira, los españoles pudieron explotar el Cerro Rico sin más sobresaltos y, gracias a otras mentiras, los socios de las mal llamadas cooperativas lo explotan ahora sin control, y lo han están hundiendo día a día.

Como verán, respetados lectores, a los que quieren ejercer el poder, y no soltarlo, no les conviene la verdad así que necesitan convertir las mentiras en falsas realidades.

 

Juan José Toro Montoya es Premio Nacional en Historia del Periodismo

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