Juan José Toro Montoya

Bolivia y las mentiras (III)

viernes, 12 de noviembre de 2021 · 05:08

¿Se puede cambiar una realidad para reemplazarla por una mentira? Sí. Y, aunque parezca mentira, esto se ha venido haciendo desde siempre. Los que cambian la verdad, lógicamente, son los que tienen el poder para hacerlo y completan su tarea, primero, con algunos constructores de realidades actuales, que hoy llamamos periodistas, y, después, con algunos constructores de realidades pasadas; es decir, historiadores.

Debido a su efeméride cívica, hoy debo volver a hablar de Potosí, para mostrar cuánto ha cambiado la realidad de esta región, no precisamente por acción manifiesta de los gobernantes, sino por su omisión, una que arrastran hasta nuestros días.

Una gran verdad, que ahora se olvida, es que Bolivia le debe su existencia a Potosí. El hallazgo de los yacimientos de plata del Cerro Rico determinó que los invasores españoles establezcan un tribunal de justicia en el lugar más próximo al asiento minero, Chuquisaca. Esa instancia se denominó “Audiencia” y recibió el nombre de “Charcas” debido a que fue esa cultura la que, a través de su cacique, Coysara, entregó a la corona española los yacimientos de Porco como signo de vasallaje. Casi de inmediato, Coysara pondría tropas al servicio de los españoles para la conquista de Chiloé, hoy Chile.

En sus inicios, la Audiencia y Cancillería Real de la ciudad de La Plata de la Nueva Toledo, provincia de los Charcas en el Perú, tenía una jurisdicción que abarcaba más allá de 100 leguas a la redonda, a partir de Chuquisaca. Por ello, incluso tuvo, temporalmente, a su cargo al Cusco. Después, con el paso de los años, se limitó al territorio que, en 1825, se convirtió en Bolivia.

Como vimos la anterior semana, la fundación de Bolivia no fue el resultado de un proceso cultural, ni siquiera histórico, sino de la situación acomodaticia de la clase política de entonces, encabezada por los doctores de Charcas. Aunque la explotación de minerales había decaído a sus niveles históricos más bajos, la razón económica de ser de la Audiencia de Charcas seguía siendo el Cerro Rico de Potosí, cuya plata se utilizaba para cubrir los gastos de su jurisdicción territorial.

¿Los bolivianos nos preguntamos alguna vez cómo fue que se mantuvo el país en sus primeros años? Es cierto que se puso en marcha un nuevo sistema impositivo, pero, como se abolían la mita y toda forma de esclavitud, se debió recurrir a lo que estaba a la mano y eso fue la plata del Cerro Rico. En los primeros años de la República, los sueldos de los prefectos, y de todo funcionario, fueron pagados con plata potosina. Documentos conservados en la Casa de Moneda demuestran que los prefectos le pedían hasta clavos a su similar de Potosí 

¿No le parece coherente, entonces, hablar de una deuda histórica con Potosí?

       

Juan José Toro Montoya es Premio Nacional en Historia del Periodismo.

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