Desde la acera de enfrente

Machismo con falda

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miércoles, 27 de febrero de 2019 · 00:12

Es así como en la cumbre que marca la decadencia irreversible de la Iglesia católica ha calificado el Papa al feminismo. Su cumbre es el principio del fin y su decadencia, y destrucción interna tiene que ver justamente con la forma cómo ha tratado y visto la Iglesia a las mujeres en el mundo. A las monjas como esclavas sexuales y trabajadoras domésticas en relaciones de servidumbre, a las laicas como fuente del pecado y portadoras de las tentaciones,  al pensamiento de las mujeres como innecesario y tangencial.  

Así nos han tratado históricamente, persiguiendo nuestro pensamiento y nuestras vidas y así han acabado, ahogados en un mar de semen putrefacto, donde el que no es violador pederasta es encubridor del otro.

 La Iglesia católica es junto a los ejércitos una de las instituciones que ha apartado completamente a las mujeres y se ha constituido en un bastión masculino, el resultado de un proceso de exclusión histórico es el que tienen en sus manos; una institución a la que el mundo entero le reclama hoy lo más básico: respeto a los niños y niñas que tuvieron el monopolio de educar y que se dedicaron a violar. 

La Iglesia  ha dedicado sus más grandes esfuerzos pastorales a la represión de la sexualidad, a la conversión del sexo en un pecado y a desarrollar un catecismo sexual que nos heterosexualice a la fuerza, que nos convierta en abnegadas culposas, represoras y resignadas madres de Dios. La Iglesia ha endiosado a los hombres sobre la base de humillar y denigrar a las mujeres.

Silvia Federici, en su libro Caliban y la bruja, nos refresca la memoria de cómo es que los curas adoptaron la sotana, precisamente las faldas.  Aconteció en la temprana edad media, cuando la Iglesia había logrado apartar a las mujeres del culto, convertirlas en secundarias y, por lo tanto, adoptó las faldas para obispos, cardenales y curas en una labor de sustitución simbólica de las mujeres dentro de la Iglesia.

Los que históricamente representan machismo con falda son los curas, los obispos y los cardenales. El Papa, además de no haber aportado ni una sola solución histórica a la pederastia en sus filas, lo que está haciendo es proyectar su resentimiento contra las mujeres.

El feminismo representa hoy la lucha social más desafiante porque no le basta con cuestionar las estructuras públicas de la sociedad, sino que apunta a las estructuras privadas: la familia, la casa, el amor, la maternidad o la paternidad. No lo hace de forma gratuita y arbitraria, sino porque sin el cuestionamiento de esas estructuras es imposible revolucionar la sociedad; sin el cuestionamiento del universo privado y de la forma cómo se distribuye el tiempo libre, la comida o la garantía de crianza de las wawas es imposible el derrocamiento del capitalismo y del patriarcado. 

El feminismo representa hoy la lucha social más desafiante porque lejos de pensar que es la reivindicación de las mujeres para ocupar el lugar del “macho” es el cuestionamiento del “macho”, de sus complejos, de sus limitaciones, de sus violencias, de sus negaciones. El feminismo es la invitación al desorden de lo masculino y lo femenino, no para construir nuevas hegemonías masculinas desde las mujeres, sino para desarmar el orden binario de los sexos, que es un orden colonial al servicio del capitalismo.

Las batallas del feminismo no son por un salario, sino por una vida diferente.

Las batallas del feminismo no son por un ministerio o una diputación, sino por otra democracia, una democracia que no es el voto, sino la libertad de ser diferente.

Las batallas del feminismo no son por los pantalones del macho, de ya el pantalón lo hemos conquistado y modificado mil veces, le hemos puesto colores y formas, y lo hemos convertido en nuestro sin que usarlo nos haya supuesto la adopción del pantalón como poder.

 Las palabras del Papa lo colocan como el enano político que es y si me tomo el tiempo de replicar es sólo porque refleja el pensamiento de cientos y miles de hombres que le tienen miedo al feminismo, porque piensan que el feminismo es el plan perverso de las mujeres para hacer con ellos lo que ellos hicieron con nosotras.

No es así, el feminismo no es machismo al revés; es democracia al revés, es mundo al revés, es tiempo al revés, es placer al revés. Es el revés de lo que imaginas.
 

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.

Confidencial

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