María Galindo

Seductoramente sediciosa

miércoles, 22 de enero de 2020 · 00:12

La palabra más usada por el régimen de Jeanine Añez no es: democracia, felicidad o pacificación, sino sedición.

No sé exactamente cuántas personas acusadas de sedición existen hoy porque no tenemos derecho a saber ni eso, pero sí sé que el conjunto de la población ha sido amenazada con ser declarada sediciosa, ser perseguida y encerrada en la cárcel.

No sé tampoco en realidad de qué se acusa a una persona cuando se la acusa de sediciosa, pues, sin duda, se trata de un “delito”, entre comillas, difícil de definir. ¿Es sedición no estar de acuerdo con el gobierno? ¿es sedición organizarse para protestar contra el gobierno? ¿es sedición pensar que el gobierno es sedicioso?

¿Es sedicioso erigirse como Presidenta siendo posesionada por el Comandante de las Fuerzas Armadas, el mismo que luego de cumplir ese papel es perseguido por sedicioso?

Estamos frente a un laberinto confuso en medio del cual empiezo declarándome seductoramente sediciosa, sedientamente sediciosa, burlonamente sediciosa.

El delito de sedición es un delito introducido en el Código Penal a nivel internacional como una medida de amedrentamiento contra, como dice el Wikipedia, la declaración de desafecto al régimen. En el caso del Código Penal boliviano, se lo debemos al dictador Banzer, que dejó una profunda impronta fascista en la sociedad boliviana. 

Recuerdo como Evo Morales, a cualquiera que le criticase, lo acusaba o de neoliberal o de ser derecha, cuando él estuvo al mando de un régimen neoliberal que benefició a la banca, al agronegocio terrateniente y a las transnacionales y que, justamente, se derechizó año tras año. Su acusación por tanto era una negación de lo que realmente hacía y una fórmula para presentarse como antineoliberal o como de izquierda.

El régimen de Jeanine  Añez hace exactamente lo mismo con el delito de sedición; acusa de sedicioso abiertamente y sin fundamento, cuando su propio régimen se funda en actos que podrían ser calificados de sediciosos. 

Su Ministro de Defensa militariza la plaza San Francisco expulsando de allí la risa, el teatro callejero y el aire de libertad que esa plaza contiene cada tarde, para amenazarnos a todos y cada uno de nosotros. Militariza las calles sin permiso del Congreso y, al parecer, sin permiso de la propia Presidenta. Qué mal que le pese al ministro fascista que tenemos, es hoy la cabeza de las Fuerzas Armadas.

 Eso significa que no pueden actuar sin el permiso de la Presidenta y que ese permiso debe ser escrito; ella misma ha derogado el decreto de militarización de las ciudades y ha devuelto a los militares a los cuarteles o ¿me he soñado eso? 

Podemos entonces pensar que el propio acto del Ministro de Defensa, para el cual, como lo dijo abiertamente en su conferencia de prensa, no tiene que pedir permiso a nadie, fue no solamente un acto fascista, sino que fue un acto sedicioso, sin el consentimiento ni la orden de la Presidenta ¿o la estaba amenazando a ella?

Nos declaró enemigos respondiendo a la doctrina imperialista con la que fue formado, doctrina norteamericana que indica que el enemigo en los países latinoamericanos es interno y no es externo, y que las Fuerzas Armadas tienen que proteger a la “patria” del enemigo interno, que somos nosotros mismos.

Según él, le ha pedido permiso a Dios, con el que no sólo asume que tiene comunicación directa, sino que nos impone que aceptemos que en nombre de Dios nos amenace públicamente.

Dice que ofrece morir por la patria, pero en realidad está diciendo que está dispuesto a matar por la patria, que además es lo que él entiende por patria. El Ministro de Defensa nos ha amenazado de muerte si osamos contrariarle, no estar de acuerdo, cuestionarle, si no aceptamos la imposición de una militarización sediciosa de las ciudades de nuestro país. 

Ese no es el papel que la Constitución le asignan a las Fuerzas Armadas y en mi sediciosa opinión personal, las Fuerzas Armadas están por demás en nuestro país y debían convertirse los cuarteles en universidades e instituciones educativas; eliminarse el Servicio Militar Obligatorio y pasar ese jugoso presupuesto a salud y educación; para qué, nos entendemos hablando y no matando, ni amenazando de muerte.

¿Es ese el clima electoral democrático de discusión de ideas con el que se inscribirán los cándidos  candidatos? Feliz 22 de enero.

 

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.

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