María Galindo

Dos mil trecientos ochenta

miércoles, 08 de enero de 2020 · 00:12

Es el número de casos de violencia machista que hemos atendido en nuestro servicio de justicia durante 2019, en La Paz; otro tanto similar se ha atendido en Santa Cruz. 

No estamos contabilizando las mujeres que pasaron por nuestro servicio, sino el número de casos que fueron atendidos realmente. Eso quiere decir, mujeres que fueron escuchadas con respeto, dándoles el tiempo para que expliquen su problema; mujeres de quienes no se puso en duda su palabra.

Mujeres a las que no se les dijo “vuélvase mañana”. Mujeres a las que no se les insinuó soportar malos tratos en nombre de la familia. Mujeres a quienes no se culpabilizó por vivir una situación de violencia. Mujeres a quienes no se les cobró ni un peso y se las atendió por orden de llegada, sin racismo, sin clasismo, sin preferencias, y con cariño para todas. 

Lo primero que le ofrecemos a una mujer que ha sufrido una violación -para poder desmontar los bloqueos y los miedos que una violación deja en el cuerpo- son sesiones de autodefensa feminista. No tratamos a las mujeres como víctimas sin voz y sin voluntad carentes de autoestima; las tratamos como mujeres que están rompiendo formas de sumisión, heredadas de sus madres y abuelas.

Sabemos que si han venido a denunciar es porque ya no pueden controlar solas la situación y necesitan ayuda urgente, porque en muchos casos está en riesgo su propia vida, por lo que les damos pautas urgentes, como no aceptar acudir a escenarios de negociación con el hombre violento y citarlos, más bien, en nuestra propia casa, donde estarán siempre respaldadas por nosotras. 

Hemos aprendido y seguimos aprendiendo tanto de estas cientos de miles de mujeres; ellas nos han convertido en expertas de la afectividad, los sueños y las vivencias de las mujeres bolivianas. 

La mayor parte de casos que atendemos tienen que ver con las wawas. Las mujeres estamos criando solas a las wawas y la irresponsabilidad paterna es uno de los rasgos más dramáticos, en lo que a pobreza de las mujeres se refiere, por lo que luchamos por la asistencia familiar con nuestra lista de padres irresponsables, para que el padre irresponsable tenga vergüenza. 

En 2019  hemos presentado dos veces al Parlamento sendas correcciones a la Ley 348, que está mal planteada. Sabemos que son mañanas que hemos perdido, porque el Parlamento y el sistema político formal usan la violencia machista contra las mujeres sólo cuando les sirve para atacar a su rival político.

Hemos denunciado públicamente a autoridades, como el exviceministro de Descolonización, Rodolfo Machaca, y hemos logrado proteger la identidad de la mamá, de la wawa, para cuestionar la imagen recurrente en los medios de comunicación, donde es la víctima la que tiene que dar la cara y no el victimador. 

Estamos enfrentando el caso de la violación de La manada con toda nuestra inteligencia y conocimiento, a través de nuestra abogada Arlety Tordoya, porque sabemos que ese caso tendrá consecuencias sobre todas las mujeres jóvenes del país y porque ese caso pende de un hombre ultrapoderoso hoy, como es Camacho.

Hemos buscado incansablemente solucionar la inscripción de las wawas en el Sereci, donde exigen a la madre ir con el padre, presentar testigos; donde no se le acepta a la madre declarar unilateralmente quién es el padre. Este 2020 volveremos a tocar las puertas del Tribunal Electoral, donde María Eugenia Choque no quiso ni escuchar. 

También somos muy útiles para los hombres violentos, porque les abrimos un escenario de diálogo. Los invitamos a audiencias en las que tienen derecho a hablar, en un marco de respeto, y llegar a una solución consensuada. Lo hacemos por convicción, aunque nos topamos, una y otra vez, con hombres que asisten a victimizarse, culpabilizar y chantajear, incluso acompañados de sus madres. 

No es un trabajo de María Galindo, es un trabajo en equipo, lleno de creatividad e ingenio, en el que intervienen muchas mujeres lúcidas y felices. La que articula todo se llama Paola Gutiérrez y es trabajadora social, made in UMSA. 

A eso le llamamos política concreta, porque creemos que los movimientos deben ofrecer hechos concretos que cambien la vida de las mujeres y no sólo lindos discursos. Doy gracias a la vida por esto y dejo una vez más claro que no necesitamos de los partidos ni del poder para hacer un trabajo transformador.

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
 

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