Desde el mirador

Opuestos y prioridades

lunes, 23 de mayo de 2016 · 00:00
La contundencia de dos opuestos, lo constructivo y lo destructivo, nos basta como ejemplo para entrar en su significación y sus connotaciones; no sólo para distinguir sus particulares características y  sus efectos, sino para guiar nuestras acciones al servicio de la   colectividad,  especialmente cuando se asume responsabilidades dentro de la función pública; es decir, para servir a  la sociedad.
 
Muchas veces, en asuntos importantes, anteponemos lo menos edificante a lo verdaderamente  útil, con el riesgo de inferir daños a los demás o al Estado.
 
Se han generalizado las voces que señalan y en muchos casos más que señalar reclaman que funcionarios públicos, incluidos varios de alto rango,  se alejen de cuestiones superficiales que llegan a extremos del chisme politiquero intrascendente. 
 
No sería racional que pretendiéramos que todo se allane de una vez, hay cuestiones que tienen su tiempo y cada tarea tiene sus propios recursos humanos.  La misión de hacer sostenible el desarrollo  es que se aproveche con buen criterio al hombre y el tiempo, anteponiendo lo práctico a dilaciones que se desvanecen en discursos. Se ha comprobado, en relación con intereses del país antes y ahora, que se ha antepuesto la política partidaria y, en varias ocasiones, se ha frenado  el avance de la economía.
 
De la profundidad de la crisis mundial se desprende, como efecto de variables en los mercados internacionales que inciden  directamente en las cotizaciones de nuestras materias primas,  no contar con una diversificación productiva que debía haberse antepuesto a la mono producción  (gas y minerales) para tener defensas indispensables en  horas críticas.
 
En las agendas de distintas instancias  que hacen a la  vida misma del país los asuntos necesarios deben considerarse fundamentales para mejores días.  Se olvida las prioridades y se da curso a temas que en apariencia  son sustanciales y que, finalmente, se desmoronan como "castillos de naipes”.   Se encandilan sus gestores y transfieren los fuegos de artificio a la población. De ese modo, lo más deplorable es que se antepone la improvisación a la planificación.
 
En el destino de las personas para cargos de los que depende la realización efectiva  de distintos proyectos, desde hace años,  se nos ha hecho una malsana costumbre  no designar  a quienes corresponde. Delicadas responsabilidades bien estimadas en su prefactibilidad se estropean a medio andar porque se antepone la devolución de favores políticos, en lugar de una cuidadosa selección de profesionales idóneos.   
 
No cabe duda que cualesquiera que sean los objetivos de un lineamiento  ideológico hay  que darle una buena dosis de pasión, para obtener el mayor provecho;  si no hay esa intención apasionada hasta podríamos desconfiar de la sinceridad de los propósitos. Esa es obra de quienes sostienen esos planes, que no se desarrollen por inercia o mecánicamente.
 
La política no es mala base para edificar, especialmente para los que vendrán detrás de nosotros. Es fuente de ideales y beber en ella es gratificante. Otra cosa es la politiquería. Siempre cargada de prédica demagógica  y, más temprano que tarde, se descubre que no gratifica.   
 
Para la buena siembra y la mejor cosecha hay que abonar bien el terreno. Eso se puede lograr. sin lugar a la menor duda, en un clima de unidad y de convivencia pacífica.  Sin embargo, no sabemos si consciente o inconscientemente se alienta  el rencor sin frenos, anteponiéndolo a la serenidad y, en lugar de estimular la paz, se antepone la incitación a la violencia. 
 
Repetidamente hemos escuchado pregonar a  muchos aspirantes a mandos de poder que su bagaje garantiza su vocación de servicio a la nación, pero, en la práctica, han antepuesto la retórica a los hechos concretos. Y tantas veces han privilegiado el opuesto de la demagogia a la verdad. Uno de los factores para esa incidencia ha sido que se antepuso, contrariamente a la decantada "vocación de servicio”, el cálculo  sectario y no el opuesto de la pluralidad.      
 
Ahora está sobre nuestras cabezas la amenaza de una crisis global que seguramente nos afectará y que se agrega a dificultades internas, obligándonos  a pensar, para alcanzar un mejor porvenir, en el que gobernantes emprendan tareas constructivas y no las destructivas, tan arraigadas hoy.

Mario Castro es periodista.

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