Impotentes ante los dueños de la calle

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lunes, 11 de septiembre de 2017 · 00:00
Muchos días los habitantes de la ciudad de La Paz sufren un atropello inadmisible por parte de los llamados gremialistas, con la interrupción del libre tránsito en calles y avenidas a las que se vuelcan en marchas y bloqueos. De nada sirven los reclamos, ni la protesta generalizada por los perjuicios que ocasionan. Son constantes las acciones extremas y se impone la irracionalidad a la posibilidad de abordar el diálogo para la mejor comprensión del problema.   
 
Es lamentable que debido a esa forma de pedir algo se  haya inferido irreparables y cuantiosos daños al trabajo, a la economía de innumerables personas y al desarrollo general.  Como no se corrige esta deplorable situación nos sentimos impotentes frente a los "dueños de la calle” y  en relación con esas actitudes abusivas haremos otro análisis con esos antecedentes.
 
Los estribillos que se escuchan en la manifestación callejera no son simplemente matices de las demandas por las que la gente se moviliza y busca las calles para expresarse. Casi siempre son el resumen contundente del reclamo acumulado. Entre ellos hay un digno estribillo que lo hemos escuchado muchas veces: "!el pueblo unido jamás será vencido¡” ,pero en las últimas marchas es una ironía. Los gremialistas no solo se apropian de veredas y calzadas sino que se arrogan ser "el pueblo” y ¿los otros ciudadanos -no comerciantes- aquellos a los que se les niega el derecho de caminar tranquilamente por las aceras y no pueden circular cómodamente en vehículos de transporte, público o privado, no son también el pueblo?
 
La protesta de un grupo de comerciantes a quienes se les exige la carnetización, para una clara identificación de sus actividades, como ocurre en  ciudades de otros países y que con ello no se les despoja de facilidades-por eso injustificada- nos induce a comentar otras conductas impropias que también tienen por escenario la calle. Allí la mayoría tiene a la vista un pequeño puesto, pero en sus amplios "depósitos” es increíble la cantidad de mercadería que almacena, que en muchos casos no emite facturas, de ahí que el comercio legalmente establecido tiene una competencia desmesurada.  
 
Desde que el ejercicio periodístico nos familiarizó con el acontecer urbano, uno de los problemas constantes ha sido y sigue siendo el uso arbitrario de vías públicas. Lamentablemente, quienes asumen velar por el cuidado y el desarrollo de la ciudad, entre otras tareas, fomentaron ese avasallamiento, en una suerte de tolerancia con los vendedores porque desde que se elige democráticamente a los alcaldes éstos significaban "votos” para su elección o reelección...  
 
Lo ocurrido en estos días especialmente en el centro  afecta a otras zonas, inclusive de la periferia por la trama urbana que no tiene expansión por su topografía.  Los "dueños de la calle” perdieron de vista que "los derechos de uno terminan donde comienzan los del otro”. Es inconcebible que quienes tienen tiendas (no estamos hablando del vendedor ambulante, la gente pobre, que vende poca cosa para sobrevivir) sino de aquel que no obstante poseer locales, en muchos casos grandes, sacan su mercancía a las veredas y avanzan hasta la calzada... ponen unos cajones vacíos... unas maderas... unos trapos... cualquier "valla” y así "asientan su soberanía” y no hay quien los ponga en su lugar.
 
Ahora quienes piden la eliminación del polémico carnet no sólo paralizan el tráfico vehicular, sino que agresivamente son insensatos destructores de bienes públicos  como los colectivos "PumaKatari”  a los que han causado destrozos, hiriendo a algunos pasajeros ; no miden y van más allá, en actitud intolerable bloquearán accesos a carreteras. Estamos en un tiempo crucial en el que el bloqueo  era casi la regla y la excepción las vías expeditas. ¿Así se incrementará el turismo?.
 
Hay un agravante más,  en esta campaña para que no se proceda a la carnetización , gremialistas decidieron ir a las marchas con sus hijos incluidas criaturas. Puede parecer insulso volver atrás, sin embargo, sirve ahora como precedente de algo que preocupa y se puede evitar.   En otros conflictos los niños también fueron  arrastrados a penosas marchas. 
 
El asunto medular de la demanda: aplicar disposiciones, y  acatar las mismas  es otro problema.
 
Hay una responsabilidad distinta que  quiero puntualizar, lo que extraña enormemente  es que la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, ASPDDH,  no actúe oportunamente, sobre todo porque se anunció anticipadamente que los marchistas llevarían a sus hijos menores violentando derechos humanos inherentes a los niños. (Que después intentaron aproximaciones no es lo mismo y hasta puede ser inútil). 
 
Los niños no pueden ser utilizados como barricada en la lucha social. Alarma  que lleven a los niños a las marchas, a la protesta, a las movilizaciones. Es una obligación de DDHH impedirlo.
 
Debido a esaforma de pedir algo se  haya inferido irreparables y cuantiosos daños al trabajo, a la economía de innumerables personas.
 

 Mario Castro es periodista.

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