Dársena de papel

Periodismo: crisis, fake news y verdad

lunes, 17 de septiembre de 2018 · 00:13

El periodismo ha perdido el monopolio de la información. Con la briosa irrupción de las redes sociales en el mundo tecnológico que –guste o no– gobierna nuestras vidas, le ha surgido una impensada “competencia”: el mal denominado “periodista ciudadano”. Este, si bien no es un profesional en el manejo de la información, reporta a cada minuto por WhatsApp, por Facebook o por Twitter como si realmente lo fuera.

¿Estamos ante el fin de los mass media y el principio de los social media? Aquello, al menos por ahora, no. Esto, por ahora, sí. Hay incertidumbre, pero creo que ambos pueden ser compatibles. De todos modos, asistimos a una crisis que cambiará el periodismo para siempre.

Juan José Millás dijo en 2015 que el periodismo escrito vive un momento de cambio paradigmático que ocurre cada 400 o 500 años, y es que no acababa de morir el papel pero tampoco acababa de nacer el digital. Hoy, las cosas están más o menos igual.

¿Cuán preparado se encuentra el periodismo para afrontar esta crisis? ¿Qué debe hacer? En primer lugar, asumir que no tiene más el monopolio de la información, lo cual significa dejar de creerse el cuento de lo que alguna vez pudo ser, un fáctico cuarto poder del Estado. El periodismo moderno ya no puede ser concebido como una práctica omnipotente, vertical; aunque sabe de su influencia, no impone como en el pasado sino que se apoya en su entorno consciente de que, en la era del colaboracionismo, ninguna profesión –y menos él– subsistirá fuera de la órbita del asistencial intercambio de conocimiento.

Manuel Castells dijo que “con las redes sociales, la información ya no es unidimensional”; ¿lo habrá entendido el periodismo? ¿Sabrá cuánto necesita hoy en día de su antigua contraparte pasiva, hoy proactivo público?

Si antes el usuario de la información era un mero “receptor”, luego “consumidor”, hoy es también “emisor”, luego “prosumidor”. Ese (no tan) nuevo usuario, lejos de recibir la noticia con pasividad, produce contenidos informativos. Así, el periodista moderno trabaja horizontalmente –a la par, no en un nivel superior– del usuario que genera información. Y está preparado para atender las nuevas demandas de sus públicos (en plural). Públicos que nacen con chip, además de corazón, y que incorporan todos los días elementos propios de la acelerada sociedad digital.

Como podemos apreciar, el ecosistema informativo ha cambiado; en eso consiste esta crisis que obliga a repensar el periodismo. La clave, no es ninguna ciencia, está en la adecuada integración del periodismo tradicional a internet.

Pero la crisis tiene otras variables, al margen de la tecnológica. Está alimentada por factores políticos y económicos en relación con la ética y el principal activo del periodismo: la credibilidad, en cuyo deterioro están interesados algunos gobiernos. Se trata de algo preocupante para cualquier democracia, entre otras cosas, por las fake news (noticias falsas). Este fenómeno impele al periodista profesional a desarrollar técnicas de verificación de contenidos para controlar la veracidad de la información antes de publicarla. Allí se establece la principal diferencia entre el periodista profesional y el ciudadano que informa en las redes sociales: el primero verifica antes de publicar; el segundo, por lo general, no.

Frente a este panorama, la población, para estar bien informada, debe saber que lo estará cuando reciba la información confirmada por un periodista profesional. Y que las peligrosas fake news, ahora mismo circulando descontroladamente en las redes, se desmienten por los medios periodísticos serios, profesionales. En tales condiciones, cualquier intento de desestabilizar la labor de la prensa constituye un atentado contra la seguridad de la población por informarse con veracidad.

Como dijo una vez la directora de El País de Madrid, Soledad Gallego-Díaz: “en el periodismo existe la verdad. A lo mejor no existe en filosofía o en religión, pero sí en este trabajo. La verdad está en los hechos”.

Óscar Díaz Arnáu es periodista y escritor.

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