Oscar Díaz Arnau

¿El oficio de pasarse de la raya?

lunes, 23 de diciembre de 2019 · 00:12

Hace cinco años, cuando un par de hombres armados tirotearon a miembros de la redacción del semanario satírico francés Charlie Hebdo, no sólo hubo una generalizada condena internacional por el hecho mismo sino que el crimen motivado en la religión y el disentimiento con el contenido editorial de ese órgano de prensa dio pie a un debate acerca de los límites de la libertad de expresión. En el último tiempo, en Bolivia, un caricaturista y una columnista dividieron aguas en la opinión pública, incluso dentro de los medios de comunicación en los que volcaron polémicas publicaciones.

Como antecedente, también hace un lustro, colegas del mismo caricaturista crearon la página de Facebook “Todos con Al-Azar” para, junto con muchos adherentes, defender no tanto el controversial dibujo tras la caída de una pasarela en el Carnaval de Oruro como el respeto al derecho del dibujante a expresarse en libertad.

Pues bien, Al-Azar, tres veces ganador del Premio Nacional de Periodismo en la categoría Caricatura, jugó su papel en la última crisis política del país exponiendo su parecer como él sabe hacerlo, con arte, hasta que, previsiblemente, volvió a causar cizaña por su obstinada decisión de emparentar la esvástica nazi con el nuevo Gobierno o con discursos de un líder cruceño.

Ante las críticas recibidas, el caricaturista optó por el silencio, marginándose del periódico desde el que daba a conocer sus trabajos.

La columnista, en cambio, después de utilizar su espacio en medios impresos para opinar de la presidenta Añez, entre otras destemplanzas, que “por su cama han pasado suficientes hombres como para quedarse mejor sola que mal acompañada”, redobló la apuesta. Fiel a su estilo grotesco, feminista de barricada, María Galindo respondió a sus detractores con desparpajo: “Me pasé de la raya: ese es mi oficio”. Como si no lo supiéramos. Si Al-Azar tiene sus antecedentes, la columnista de marras también los suyos; como que, a propósito de su oficio, es una consuetudinaria de los noticieros por los escándalos que provoca en la vía pública y de los que además se vanagloria.

¿Dónde está el problema de expresiones tales como las (más) libertinas de Al-Azar y Galindo? En su elección, sin lugar a dudas. Aunque no van a aceptarlo nunca porque en eso consiste vivir de la provocación, del retorcido provecho de la desvergüenza.

De todos modos no creo que el debate mayor sea ese, sino qué debe hacer el medio de comunicación con el caricaturista o la columnista que se propasa con el dibujo o la palabra. ¿Quién defiende los límites de la libertad de expresión frente a quien defiende una libertad irrestricta de publicación? Luego, ¿qué clase de oficio es el de “pasarse de la raya” y no tener por eso ninguna consecuencia? ¿El de la impunidad?

El maestro de la ética periodística Javier Darío Restrepo dejó dicho que “no hay libertades, ni derechos, ni verdades absolutas. La libertad y los derechos van hasta donde comienzan las libertades y derechos de los demás (…) el calumniador (no puede alegar) la libertad para destruir honras ajenas con su palabra. La libertad de prensa no es, pues, un derecho absoluto; la limitan los derechos de los demás”.

Los irreverentes marcan la diferencia en el reino de la mediocridad. Pero caricaturistas y columnistas, aun destacando por su originalidad, no deberían perder nunca de vista que se expresan a través de medios de comunicación y que estos tienen una responsabilidad social con sus públicos; hay valores que cuidar, por ejemplo, el respeto al otro. (En tiempos de redes sociales, es decir, de maximalización de la libertad y minimización del respeto, da la sensación de que nada viene bien, todo insatisface o lo poco que entusiasma sirve apenas para alimentar la creciente intolerancia).

¡Qué saludable es la provocación! ¡Y qué funesta la provocación sin medida! Algunos nos han acostumbrado a la caricatura social; pero la rebeldía, aun en nombre de la justicia o del arte, no tiene por qué ser sinónimo de inconciencia. Son buenos los límites para la libertad. El fin no puede justificar los medios.

Oscar Díaz Arnau es periodista y escritor.

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