Dársena de papel

Entrevista al nuevo Ministro de Comunicación

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lunes, 18 de febrero de 2019 · 00:08

Entrevisté al nuevo ministro de Comunicación, el bien hablado José Manuel Canelas, y le pregunté acerca de temas políticos y de otros como el de la realidad de los medios públicos y privados en el país. Indirectamente saludé su designación –procurando no faltar el respeto a nadie– en una cartera de Estado que, con franqueza, en los últimos años estuvo bastante maltratada.

Como hace no mucho estuve junto a varios colegas en Alemania, constatando in situ la relación de los medios alemanes con sus públicos, y, particularmente, la relación de los públicos –a través de los medios del Estado– con el Gobierno alemán, le pregunté si ahora que él es ministro los medios estatales dejarían de ser manejados como si fuesen en realidad gubernamentales; una característica, en honor a la verdad, no exclusiva de esta gestión política, sino que ya es toda una tradición en el país.

No se lo he dicho, pero él lo sabe muy bien. Los medios alemanes que dependen del Estado no son propiamente estatales, sino públicos; hay diferencia porque éstos, como manda la democracia, admiten las voces críticas, aun las que señalan a los gobiernos que los administran. Esos medios no trabajan para contentar a los políticos de los gobiernos de turno. Simplemente se ajustan a los principios éticos del periodismo buscando producir información para la sociedad, que es a la única a la que se deben.

Funcionan, en efecto, con el dinero de todos, pero con el añadido de que la ciudadanía es consciente de su labor y paga 30 euros mensuales para su funcionamiento. En realidad, está pagando por mucho más que eso: paga por recibir información imparcial e independiente, sin contaminación política partidaria.

Esa conciencia –lógicamente en el marco general de una economía propicia– está internalizada en los alemanes desde niños. Es una conciencia fomentada en los hogares y en las aulas. Lo correcto es lo correcto y lo demás, corrupción, chicana, menor esfuerzo, amiguismo, nepotismo, flojera, impuntualidad, entre otras mañas que a nosotros nos suenan conocidas por nuestra familiaridad con el círculo vicioso.

Está claro que los medios públicos –plurales– alemanes no son como los medios estatales –salvo extrañísimas excepciones, sólo progubernamentales– bolivianos.

Es difícil que un ministro encare tamaña reforma en el escaso tiempo que suele permanecer en su puesto. Pero alguien tiene que hacerlo. Aunque sea, alguien tiene que sentar el precedente de que lo ha intentado.

¿Qué me respondió Canelas? Que su modelo a seguir es el de la BBC de Londres (que, como el alemán, incluye una supervisión externa de sectores representativos de la sociedad) pero aclarando que, al tratarse de una meta ambiciosa, a corto plazo buscará seguir un –a su criterio– buen ejemplo nacional, el de Patria Nueva. Arguyó que esta radio tiene un par de programas en los que se escuchan “posiciones diferentes”; es decir, no solo la típica propaganda del actor social progubernamental. Se podría interpretar, entonces, que el cambio consistiría en no utilizar (más) a los medios del Estado como instrumentos para la mera difusión de mensajes panfletarios.

A propósito, de entre todo lo interesante que me dijo el ministro, lo más importante, me parece, fue su idea de “modernizar” (palabra suya) el mensaje de los medios estatales. En un determinado momento afirmó: “Si tú quieres que (te sigan) estos nuevos sectores urbanos, un poco más individualizados, que ya no ordenan su opinión y sus lealtades en torno a los sindicatos, sino las ordenan de otro modo,  lógico en una sociedad más heterogénea y más compleja como es la boliviana hoy, tienes que tener unos canales de comunicación que no pasen por el panfleto del sindicato, digamos”.

A él no le gusta el rótulo de “guerreros digitales” para referir a esa suerte de Satucos virtuales que se mueven como escuadrón (palabra mía) a la sombra del pseudónimo de red social. Opinó, todavía hablando de la calidad del mensaje: “…creo que el 2016 llegas (por el Gobierno) tarde al Twitter y al Facebook, pero no creo que solo sea una cuestión del canal de comunicación. Yo creo que si tú no vuelves contemporáneo lo que quieres decir, puedes tener 300 guerreros digitales y el resultado puede no ser bueno. Yo creo que las dos cosas tienen que venir de la mano”.

Oscar Díaz Arnau es periodista y escritor.

Confidencial

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