Oscar Díaz Arnau

Errores “imperdonables ”

lunes, 8 de junio de 2020 · 00:13

¿Cuáles son los errores imperdonables?, ¿qué error no merece el perdón? Se podría responder que uno muy pero muy grave; por ejemplo, el que comete alguien cuando, producto de su robusta estupidez, quién sabe heredada, es capaz de soltar una frase racista desde un cargo en la función pública. Pero el tonto no necesita ser empleado y cualquiera puede expresar sus instintos más primarios, con recia discriminación, como individuo pedestre, y es probable que estemos todos de acuerdo con que él también estará incurriendo en un error. Menos público que el otro, pero error al fin.

De todos modos, vayamos al caso del tristemente célebre exministro de Minería. Cavilaba yo en esos días: ¿qué difícil se hace pensar en el perdón (que lo pidió) para el ministro de la expresión racista, no? Se equivocó de una manera -diríamos- imperdonable. De hecho la presidenta Añez -es un decir nomás- le cortó la cabeza y la hizo rodar por la televisión para que todos supiéramos que ese tipo de errores no son tolerables en su gobierno. Y nadie estuvo en desacuerdo con ella.

En realidad, no solamente se hace difícil pensar en el perdón para alguien que, como Fernando Vásquez, tiene el atrevimiento de decir que reúne condiciones físicas incompatibles con los simpatizantes del Movimiento Al Socialismo (MAS), sino incluso pensar en que Vásquez -o cualquiera en su lugar- cometió un error. El suyo fue, como dije anteriormente, un error grave, brutal, pero no deja de ser un error.

Añez hizo bien en sentar un precedente con la destitución del ministro de Minería. Dentro de la libertad que otorga toda democracia, hay un límite que, de sobrepasarse, debe tener un castigo. Luego, se entiende que en la agenda de una mandataria no haya resquicio para la conmiseración ante un pobre hombre que expone su miserabilidad “en vivo y en directo” y en pleno siglo XXI, cuando no existe palabra de funcionario alguno que pase desapercibida, pero el resto de los mortales, aunque nos sea difícil perdonar lo que sea, ¡más aún semejante cosa!, no podemos darnos el lujo de, en algún punto, empatizar con Vásquez (y con cualquier otro).

Hay un costado humano que es importante no desatender nunca, ni siquiera después de cada vez que la política de nuestros políticos nos recuerda cuán necio se puede ser. En las democracias se cometen abusos de la palabra que desde el punto de vista institucional son imposibles de soslayar, y sin embargo esto no da carta blanca para desconocer que humanamente somos lo que somos y que de esta realidad no se salva nadie. Nadie, ni el más honesto ni el más “perfecto”.

La sociedad no puede dejar pasar las temeridades, haciéndolas notar. Pero tampoco puede permitir los linchamientos contra quienes se equivocan, sencillamente, porque en ella nadie está libre de equivocarse (ahora mismo el caído en desgracia es otro, pero te cuento que en algún momento te va a tocar a vos). Más aún después de que la persona que erró, pidió perdón.

Estos son tiempos más bien de odio, de lapidación en red social, de caerle encima al que se equivoca y no tanto de admitir que alguien puede equivocarse; en definitiva, estos tiempos están difíciles para el perdón. De entre lo mucho de bueno que dejó como enseñanza el hombre justo que fue Jesús en el principio de la era cristiana están la piedad y la misericordia. Guste o no, creas o no creas en Dios. (No es mi intención sermonear desde un púlpito de templo, sólo considero a este último un ejemplo válido; por otro lado, supongo que a esta altura no hace falta explicar que no estoy justificando la atrocidad verbal del susodicho exministro).

Por último, como para dejar clara mi lejanía de la santidad, vuelvo a cavilar como en los días más duros de Vásquez: ¡qué difícil se hace pensar en el perdón (que lo pidió) para el ministro de la expresión racista! Y, completando las preguntas del principio, ¿cuántos son capaces de perdonar el discurso racista? Complicado, ¿no?

Oscar Díaz Arnau es periodista y escritor.

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