Puka Reyesvilla

Malpensando

viernes, 21 de junio de 2019 · 00:12

“Piensa mal y acertarás”, reza un dicho popular; aunque, pensándolo bien, no debería ser así, pero sucede que, con sus actos carentes de credibilidad, el régimen nos ha acostumbrado a pensar mal y, por lo general, acertar. Prácticamente no hay acción del régimen que no esté guiada por la mala fe.

Así ocurrió con el referéndum constitucional convocado por el régimen para el 21 de febrero de 2016, cuyo objetivo, a poco tiempo de ejercicio del poder por tercer periodo consecutivo –cuando la CPE estipula sólo dos– no era otro que forzar la segunda habilitación ilegal del señor Morales Ayma.

Quien creyó que, tras su estrepitosa derrota del 21F, el susodicho se retiraría a su chaco con una quinceañera –como había asegurado– se dio de cara contra la pared. ¡Cómo, entonces, puede uno tomar los decires y haceres provenientes del régimen cuando éste ha dado muestras pruebas más que suficientes de su chueco proceder!

Y ya sabemos cómo actuó. Luego de barajar varias opciones optó por la más segura y rápida: hacer declarar constitucional, mediante sus amarrahuatos del TC, la re-re-reelección del señor en cuestión con una argucia política absolutamente despreciable. Seguidamente, el Ejecutivo ordenó a sus serviciales del Órgano Electoral aplicar las elecciones primarias, previstas para la subsiguiente elección, para darse un barniz de legitimidad. Lo que sigue es un rosario de arbitrariedades cometidas por tal órgano para allanar el camino de su jefe-dios al poder totalitario.

La reciente declaración de dicho individuo –“Ya hay un ganador de las elecciones de octubre”– ha debido dejar perplejo a más de uno. Bienpensando, podríamos inferir que el sujeto en cuestión, en un rapto de contrición, se retirará de la contienda asumiendo la serie de atropellos a la ley y al soberano que cometió para vulnerar la Constitución, y someterla a sus caprichos. Entonces, el ganador será el pueblo boliviano, más allá de quien, en ausencia del arrepentido, logre el apoyo necesario para acceder al Gobierno.

Malpensando, lo que tal persona nos está diciendo es que nada de eso va a ocurrir y que, por el contrario, va a seguir violando las normas a su antojo, con el agravante de un fraude monumental que lo aúpe sin incomodidades, como lo hizo anteriormente, a la Presidencia. O sea, nos está espetando aquella frase de Stalin “No importa quién vota, sino quién cuenta los votos”. Y el caballero tiene a su disposición un órgano compuesto por serviles suyos que, como suele decirse, ya tiene al ganador y sólo resta que los electores voten.

Fuera del ámbito electoral, podríamos acertar malpensando que el verdadero motivo de ubicar la planta de producción de úrea y amoniaco en Bulo Bulo –en pleno    Chapare, la zona que alimenta el narcotráfico– fue el de abastecer a los productores de la blanca del precursor “de moda” para la cristalización de la “merca”.

No hace falta ser un experto en exportaciones para calificar como absurdo el emplazamiento de dicha planta en esa región. Entonces, ¿por qué se obró de tal manera? Por una información que circuló off the record, nos enteramos hace unos años de que la orden de construirla allá fue del propio Morales Ayma, desoyendo voces sensatas que se oponían a la peregrina idea. Con las instalaciones ya en funcionamiento, los operadores del régimen justificaron la decisión como “política”.

Con la evidencia de que la úrea ha sustituido a otros elementos en la elaboración de cocaína, se entiende la insistencia –hasta conseguir su propósito– del presidente cocalero para cometer lo que para el resto de la gente de buena fe era un disparate. ¡Los narcos, de plácemes!

 

Puka Reyesvilla es docente universitario.

 

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