Agua de mote

El robo vs. Izquierda XXI ¿?

viernes, 07 de junio de 2019 · 00:12

Con diferencia de dos meses, aproximadamente, irrumpieron en la pantalla grande local dos filmes situados en las antípodas de enfoque uno respecto del otro.

Esta, quiero pensarla casual, sincronía –no motivada por dar respuesta a uno de aquellos– hace inevitable relacionar ambos productos audiovisuales. En cualquier caso, su publicación habla del punto de inflexión ideológico-político en el que nos encontramos.

Pero, salvo su exhibición casi simultánea, a las mentadas películas las separa un mundo de diferencias, mismas que paso a detallar en lo que el espacio permita.

El robo gozó de una inusual promoción para crear expectativa sobre su temática, encargada al ejército digital del régimen, que lo catalogaba como “documental” sobre la privatización; sobre tal etiqueta, lo que en realidad se monta es un panfleto propagandístico que reúne todos los vicios del engendro: maniqueísmo, prescindencia del contexto interno en el que se desarrollaron ciertos procesos, tendenciosidad, cuando no desprolijidad a la hora de mencionar datos –Rafael Archondo hizo un listado de ocho “imprecisiones”, por llamarlas menos, de este largo espot electoral–.

El propio hecho de recurrir a “testimonios” de figuras en ejercicio de cargos públicos es un indicador del poco interés de los productores de realizar un documental en forma. Lo que refuerza la hipótesis de que este panfleto se hizo bajo el supuesto de que el señor Doria Medina habría de participar en las elecciones del presente año. Eso sí, El robo supera con creces al curioso intento del señor Jaime Iturri, en plan de productor, en el corto para televisión sobre doña “Caraconocida”, hecho también para meter al empresario-político en el escándalo, propósito fallido, por cierto. La estratégica retirada de escena del líder de UN desestructura el propósito de tales producciones y las condena a ser una costosa aventura “pluri”.

A propósito, El robo, ficticio del filme, fue superado por el auténtico robo –consentido– de 112 mil   dólares otorgados para la realización de la peli a la empresa mexicana “casera” del régimen, Neurona, que en total de contrataciones directas se embolsó la friolera de 12.500.000 bolivianos (1.800.000 dólares).

Izquierda XXI ¿?, en cambio, se lanzó con una muy discreta, casi inadvertida, campaña, esperando que el público se entere “boca a boca” de su exhibición en las ciudades donde está en cartelera; evita el maniqueísmo dando crédito, a través de los entrevistados –ninguno en ejercicio de la política partidaria– a ciertos logros sociales de los gobiernos del llamado “Socialismo del siglo XXI”. Recupera buena parte de la memoria histórica por la conquista de la democracia, ofrece una mirada (auto)crítica a procesos pasados, en todo momento adecuadamente contextualizados; evita el tufillo a contrapropaganda, brinda una perspectiva más amplia de escenarios a configurarse.

Una frase que se escucha recurrentemente –unas seis veces, a lo largo del filme– en boca de distintos entrevistados, es “caldo de cultivo” para describir las condiciones creadas para la irrupción del populismo (con la buena fortuna de coincidir con el ciclo de alta para las materias primas, condición, al parecer, propicia para su supervivencia). En la sucesión de los ciclos, cabe mencionar que otro “caldo de cultivo” está dando lugar a otro giro de la historia.

Pero, lo que más me ha llamado a hacer esta comparación es el hecho de que El robo es un producto de realizadores mexicanos para consumo local, sin mayor perspectiva de apertura; mientras que Izquierda XXI ¿? –el título, la gran debilidad del filme– es un producto de realizadores bolivianos con alcance, al menos, continental.

 

Puka Reyesvilla es docente universitario.
 

 

395
6

Otras Noticias