Puka Reyesvilla

Aires democráticos; ecos del debate

viernes, 9 de octubre de 2020 · 00:12

Han pasado cinco días luego del verificativo del debate que reunió en un plató televisivo a cinco de los siete postulantes a la Primera Magistratura de Bolivia. El debate, habitual en democracias consolidadas, había sido evitado desde hace 18 años y francamente proscrito hace 15, lo que quiere decir que toda una generación de electores fue privada de ver/escuchar a los candidatos respondiendo sobre sus propuestas y ventilando sus convergencias y divergencias entre ellos.

Y si de ventilar hablamos, sin duda alguna el aire que nos llegó desde las pantallas fue el de una refrescante brisa democrática que no se sentía en lustros. Cuando parecía que estábamos condenados a perecer ante el oscurantismo instalado por el MAS, el grosero fraude montado por dicho régimen, último hecho de una larga cadena de abusos y corrupción, la sociedad, harta de ser agredida, protagonizó una acción interpeladora que concluyó con el desmoronamiento de aquel. A poco menos de un año de tal gesta, la instalación de un escenario de exposición y confrontación de ideas es una de las felices “novedades” que trajo el nuevo tiempo.

La foto de los asistentes es impagable, puesto que en ella se encuentran, independientemente de su ubicación en las encuestas, los cinco postulantes, poniendo en evidencia a los dos que desairaron al electorado con su inasistencia. En descargo de uno de ellos habrá que decir que rechazó, fiel al estilo del régimen del cual proviene, la idea de debatir en un ámbito neutral. Del otro, sencillamente no hay excusa que valga. Por otro lado, el mensaje de “no discriminación” en razón de la expectativa de voto -muy superior de uno de ellos sobre el resto- fue excepcional, rompiendo un mito sobre encuentros de este tipo en los que habitualmente los “punteros” no se juntan con los demás. Afortunadamente no tenemos un sistema bipartidista en el que los debates son más encarnizados pero con poco contenido. Quienes querían ver “sangre”, se equivocaron de lugar. Hubo, eso sí, algunos dardos; ninguno envenenado. También hubo salidas de tono, pero cada quien se hace cargo de las mismas.

Estimaciones de audiencia calculan en cinco millones el número de ciudadanos que atendieron las incidencias de este evento democrático, lo que quiere decir que la expectación por el mismo refleja la acumulación de ansias democráticas contenidas durante años de monólogo caudillista. Me animo a aventurar que durante los mensajes interminables del expresidente prófugo, la mayor parte de la población prefería dedicar su tiempo a actividades más gratificantes que prestar oídos a dicho individuo. No olvidemos que las emisoras estaban obligadas por ley a establecer “cadena” durante los parlamentos de ocasión. Y ni así, me animo a decir, lograba una audiencia tan grande como la del debate del pasado domingo.

Abundar sobre quién ganó o quién quedó peor parado en el mismo es, a estas alturas, insustancial. El mismo día de la cita, a poco de haber concluido, varias personas fuimos consultadas al respecto en un ejercicio de evaluación que no ocurría hace años y fue gratificante. Pero la verdadera victoria deben atribuírsela los propios ciudadanos -no hay pizca de demagogia en esta afirmación; no voy de candidato a nada- que fueron los verdaderos gestores del cambio y de la recuperación de la democracia que había sido maniatada por el antiguo régimen.

Publico esta columna cinco días después de haberse llevado a efecto el debate; la próxima, por la frecuencia que tiene esta, se publicará cinco días después de las elecciones. Espero que entonces respiremos este mismo aire, el de la democracia.

 

Puka Reyesvilla es docente  universitario.
 

 

 


   

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