Puka Reyesvilla

Llevamos un mes de aguantar

viernes, 12 de febrero de 2021 · 05:12

La huella de una frase o una palabra dichas por alguien con legitimidad para su uso público suele perseguir a su emisor, para su gloria o desdicha, por lo que le resta de vida, a veces como un sello seco impreso en su frente. Al calor de un encendido discurso, a la desconcentración por cansancio, al error por inexperiencia, al precio de la ignorancia y a otros factores puede ser atribuida una expresión poco afortunada de la cual no podrá desembarazarse.

El presidente Arce Catacora es muy propenso a cometer deslices verbales, cuando no actos fallidos, que ya le han costado más de un meme. La picardía local, tan proclive a poner apodos, ya le había colgado uno a propósito de declaraciones suyas a propósito de la canasta familiar, dichas en sus tiempos de ministro.

Como candidato tuvo sus tropiezos, el más célebre fue aquel en el que asintió a su entrevistador cuando éste le preguntó si en 2019 hubo fraude. “Por supuesto”, respondió. Está claro que, aunque hubiese cometido miles de esas faltas, éstas no influyeron en absoluto en la amplia votación que obtuvo.

Pero cosa muy diferente es cometerlas en función de máxima autoridad del país. La palabra, en este caso, “hace estado”. No una, sino dos veces, el Primer Mandatario mencionó “los once años de despilfarro” coincidiendo con la percepción generalizada de que, efectivamente, mientras él ejerció el cargo de ministro, el despilfarro fue moneda corriente.

Pero si hay una expresión que va a marcar su gestión, por lo menos hasta que la pandemia ceda, es la que hace exactamente un mes profirió a propósito de la misma, condenando a la ciudadanía a aguantar (aguantarse) en tanto no le llegue su turno de recibir alguna de las vacunas que se anuncian. Queda, además, en evidencia, el hecho de que no hay un plan mínimamente pergeñado para el momento, de incierta fecha, en el que haya que vacunar masivamente. En buena hora, unos 10 000 trabajadores en salud han recibido la primera dosis, pero de ahí en adelante todo es incierto, aunque como diremos más adelante, la propaganda, groseramente ligada a las candidaturas oficialistas, sugiere que estamos a un pelín de superar la calamidad.

¿Por qué es tan cruel la sentencia de Arce Catacora? Haciendo cuentas, quienes todavía podemos contar esta historia, venimos aguantando casi un año, pero cosa muy distinta es que el Presidente establezca el aguante como política de salud pública.

Hace un mes, cuando S.E. tuvo la desafortunada idea del aguante, puse este comentario en mis espacios en la red:

“En mi humilde criterio, ‘aguantar’ es una no-acción, sumisión, mostrar pasividad ante algo (algunos opinan que la mujer debe aguantar la violencia del marido, por ejemplo). La idea es, más bien, superar el padecimiento y lo que se espera son acciones, no omisiones”.

¿Qué ha ocurrido en estos 30 día de aguante oficial? Los fallecidos por el virus- sin contar los que fueron recogidos por el IDIF en las calles- los que no hicieron caso al Presidente, se cuentan a razón de sesenta por día. Evidentemente, los últimos tres días, el número de contagios ha disminuido, pero con el aumento de los decesos, el índice de letalidad se ha elevado.

Aparentemente, para el gobierno son sólo estadísticas, y el propio Arce Catacora ha rematado la idea del aguante con la lapidaria (de lápida) frase “no hay que tener miedo a la estadística” (yo tiemblo cada vez que un prójimo se va).

Otro elemento introducido por el gobierno en estas cuatro semanas es el del chantaje. “Quieres vacuna, vota azul” es el mensaje. Y mientras el Presidente guitarrea, quiero vomitar.

 

Puka Reyesvilla es docente universitario.

 

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