Vamos a andar

El confuso debate sobre el referendo constitucional

viernes, 27 de noviembre de 2015 · 00:00
El debate sobre el referendo para la reforma de la Constitución en lugar de servir para aclarar conceptos sólo está sirviendo para confundirlos.
Desde la oposición -que nunca ha brillado por su lucidez política- se habla de ilegalidad y de dictadura, siendo así que el proceso de convocatoria a referendo ha sido nomás perfectamente legal, y siendo así que una dictadura se impone por la vía de facto y no necesita referendos...
Y desde el oficialismo se argumenta, por un lado, que la derrota del referendo implicaría el futuro triunfo de la derecha en las elecciones del 2019 y, por otra, que la persona de Evo es imprescindible o, peor aún, se juega con el cariño que por la vía del referendo le tenemos que mostrar, otra argumentación indefendible que conduce más a la confusión que al esclarecimiento. Veamos:
En primer lugar una Constitución Política del Estado no puede referirse a personas concretas. Un referendo constitucional, por tanto, no puede centrarse en tal o cual ciudadano, por muy digno que sea de cariño. La Constitución no menciona a nadie, lo que hace es establecer y sistematizar formas concretas de funcionamiento del Estado, que deben tener valor al margen de quiénes vayan a ser las personas que conduzcan ese Estado. Lo que está en juego es la conveniencia o no de que se pueda reelegir a una misma persona para cuatro gestiones presidenciales consecutivas, al margen de quién sea esa persona.
Cierto que es el caso concreto de Evo Morales el que está dando pie para plantear esa reforma, pero la reforma va más allá de él, a no ser que estemos pensando en hacer sucesivas reformas dependiendo de quién sea él o la presidente de turno… Y de la misma manera, una Constitución no se formula ni se reforma para que una determinada fuerza política gane las elecciones; lo que tiene que garantizar la Constitución es que todas las fuerzas políticas tienen los mismos derechos y oportunidades (lo demás depende de la población).
Pero además -y a mi juicio éste es el fondo de la cuestión- precisamente quienes valoramos a Evo, por su inteligencia política, por su valentía y por su capacidad de liderazgo, deberíamos estar de acuerdo en que si algo necesita nuestro actual Presidente es volver durante un tiempo a eso que llamamos "las bases”, volver a su casa y a su comunidad durante unos años. Liberarse de ese mundo artificial e inevitablemente turbio que es el gobierno, empaparse de realidad y disponerse así para una nueva  y fructífera gestión. Porque el ejercicio del poder lleva inevitablemente a un proceso de cierta obnubilación y más en este país nuestro, donde el llunk’erío es predominante.
De por sí el estar arriba conlleva el alejamiento de la realidad cotidiana que vive la gente común, pero es mucho peor cuando quienes rodean al poderoso se esmeran en no decirle lo que pasa, sino lo que oficialmente se tiene que decir. El presidente Evo, más que ningún otro, se ha esmerado siempre por estar con la gente y en todos los rincones del país, y él siente que se relaciona constantemente con la población, pero sabemos que, tanto dirigentes sociales como gobernantes de todos los niveles, no le dicen al Presidente lo que piensan, ni lo que saben -ni lo que opinan las bases-, sino lo que calculan que él quiere escuchar (y podríamos contar significativos ejemplos concretos, pero no parece que sea éste el espacio adecuado)… El resultado es que Evo está condenado a escucharse todo el tiempo a sí mismo y eso no le conviene a nadie, ni a él, ni al país, ni al pueblo que está gobernado por él.
¿No creen ustedes que este es el fondo de la cuestión? La conveniencia de la alternancia en el ejercicio del gobierno precisamente para aquellos gobernantes que lo pueden hacer bien y que por eso mismo necesitan volver a ver las cosas desde abajo, para luego desde arriba reenfocarlas debidamente. ¿No fue acaso ésta la gran fortaleza de Evo? ¿No se fraguó su personalidad política en las luchas cocaleras, es decir desde abajo?
Desde ahí deberíamos pensar el tema de la reforma constitucional y no desde la simpleza de la derecha opositora, ni desde el fanatismo de la izquierda llunk’u.

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

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