Vamos a andar

Un Presidente que sabe reconocer errores

viernes, 13 de mayo de 2016 · 00:00
En días pasados hemos visto a Evo Morales, presidente de nuestro Estado Plurinacional, pedir disculpas al pueblo y al departamento  de Potosí y reconocer que se había equivocado al desestimar sus demandas. Incluso explicó la causa de su error (el "baldazo de agua fría” que había sido el último referendo).

Sin duda, es una lección que nos da el Presidente, una lección para la sociedad civil y para la sociedad política (eso que llamamos el Estado). Un presidente que reconoce errores y pide disculpas demuestra ser un presidente humano, y no pierde por ello nada de autoridad; al contrario, gana autoridad moral, que es mucho más importante que la autoridad legal. Resulta mucho más confiable, más honesto, y también mucho más cercano a su pueblo.
 
Compañero Presidente, gracias por ese gesto y por esa lección. Lo que ahora falta es que todo su gobierno asuma esa línea y la ponga en práctica, y sorprenda al país -y de paso desarme a la oposición- pidiendo disculpas por otros errores cometidos en los últimos años.
 
Podrían empezar pidiendo disculpas a las víctimas de Chaparina, en general a los Pueblos Indígenas de tierras bajas (por haberlos ignorado y por haber llegado a romperles su organización matriz, la CIDOB). Y, en esa misma línea, habría que pedir disculpas al Conamaq (por la misma razón).
 
Y, por supuesto, estamos a tiempo de que pidan disculpas a esa masa de personas con discapacidad que, por segunda vez, están siendo menospreciada (y en este caso, además, inexplicablemente reprimidas). También estamos a tiempo de que se dialogue con ella sinceramente, con todo el respeto que merece y, desde luego, teniendo la solidaridad con los que sufren, como horizonte de ese diálogo.
 
También tendría sentido disculparse ante aquellas autoridades opositoras que fueron obligadas a renunciar a sus cargos sin el debido proceso, basándose en una ley que después sería declarada inconstitucional. Porque los opositores podrán ser evaluados más o menos negativamente, pero nunca han dejado de ser ciudadanos y ciudadanas con todos los derechos. Y también a aquellas autoridades opositoras que han sido víctimas de sabotaje, cuando no de violencia física directa (como el caso de la Alcaldía de El Alto, de cuyo incendio hasta ahora no aparecen responsables sancionados judicialmente, ya sean responsables por acción, los asaltantes que sabemos, o por omisión, el viceministro de Gobierno que con renunciar parece que lo arregló todo).
 
Otro sector social que merece disculpas y el correspondiente cambio de trato es la población penitenciaria, hacinada, maltratada, penetrada por la corrupción policial (que se aprovecha de otras corrupciones ahí adentro) y que hasta el día de hoy se ve obligada a rebelarse periódicamente (por falta de presupuesto, por abusos de las mafias internas que gozan de protección, por el eterno retardo de la justicia…).
 
Disculpas a aquellos y aquellas dirigentes que están presos por el mal manejo del Fondioc, cuando a estas alturas está claro que muchos/as obedecían órdenes de autoridades superiores que siguen impunes. Y a todas y todos los que han sido calumniados, etiquetados, despedidos sin explicación… etcétera.
 
Pero hay algo que no quiero callar. Y es que aunque pedir disculpas a un difunto parece que fuera inútil, no deja de tener sentido hacerlo porque su imagen pervive y tiene sentido que perviva limpia, y me estoy refiriendo a nuestro querido compañero Carlos Núñez del Prado, que fue sentenciado a la muerte civil por el delito de haber sido leal a su gobierno (y estoy convencido de que fue esa muerte civil la que produjo su muerte biológica).
 
Y, por supuesto, disculpas a la Madre Tierra, maltratada por empresas hidrocarburíferas, por empresas y "cooperativas” mineras, por la deforestación masiva, por el incremento de los transgénicos, por las megarrepresas hidroeléctricas, por la urbanización salvaje y depredadora…
 
¡Qué lindo sería que el ejemplo de Evo se multiplicara y se recuperara ese proceso de cambio con el que tanto hemos soñado!

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

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