Vamos a andar

Incendios: mucha sociedad civil y poco Estado

viernes, 12 de agosto de 2016 · 00:00
Este año de sequía está siendo, por lo mismo, un año de dramáticos incendios que acaban con bosques y praderas y que, por tanto, preparan mayor sequía, un círculo vicioso que puede llevarnos a la desertización. En el origen de cada incendio suele haber culpables, en el mejor de los casos campesinos que siguen con la manía de chaquear sus tierras sin tener en cuenta a ese enemigo que se llama viento, culpables que siempre quedan sin castigo, pero eso es lo de menos. Lo grave es, junto al deterioro creciente de la naturaleza, la angustia que viven cientos de familias que, de pronto, se ven amenazadas por el fuego y que no tienen cómo defenderse…

Esta semana hemos vivido ese drama en la zona de Apote y en el Parque Tunari dos días enteros de angustia. Se calcula que son más de 600 hectáreas quemadas (con bosques enteros de qhewiñas y alisos reducidos a cenizas), afortunadamente sin víctimas humanas. Los cálculos oficiales indican que sólo en Cochabamba se suman,  sólo este año, más de 35 mil hectáreas destruidas por el fuego y es seguro que la tragedia seguirá aumentando. Y la gran pregunta es cómo enfrentamos a esa desgracia.

La experiencia muestra por un lado una fantástica capacidad de respuesta y de movilización por parte de la gente, auténticas oleadas de solidaridad humana. Ahí juegan un papel importante las famosas redes sociales, tan execradas ellas por ciertas autoridades. Y ha sido gracias a esa participación masiva de la sociedad civil que se ha podido acabar controlando el incendio. Pero la misma experiencia muestra por otro lado: la deprimente incapacidad del Estado, que sirve para cobrar impuestos con creciente eficacia pero que resulta incapaz de enfrentar estos problemas. 

Es cierto que se ha visto a autoridades realmente preocupadas y que, incluso, se han hecho presentes, pero sin la más mínima capacidad de actuar. En Apote había centenares de soldados, por ejemplo, que acudieron a las zonas incendiadas, pero que no llevaban consigo ni siquiera un pico o una pala y sólo aportaban buena voluntad. Los bomberos estuvieron ahí heroicamente, lo mismo que los grupos voluntarios de rescate, pero resultaban totalmente insuficientes para enfrentar un problema que los superaba. 

El famoso helicóptero no aparecía. Primero decían que faltaba autorización del Ministerio de Gobierno, luego que le faltaba un repuesto, que recién iba a llegar. Finalmente, que estaba ocupado en las maniobras militares de Santa Cruz…

En síntesis: que el Estado no tiene la más mínima capacidad para enfrentar el problema de los constantes incendios y sus representantes cada vez hablan como si se hubieran visto superados por la sorpresa y hablan de planes para el futuro. Pero el futuro sigue igualito. Parece que definitivamente no hay presupuesto para salvar del fuego a la Madre Tierra -y a sus criaturas humanas-; mientras que sí hay presupuesto para un Palacio Legislativo de 20 pisos o para un Palacio de Gobierno que quiere emular al de Brasilia, o para mega-estadios tan poco necesarios, como los mencionados palacios. 

¿Hasta cuándo? Los incendios se producen cada semana y en los más diferentes puntos de nuestra geografía. La sequía se agrava de año en año y el Estado no sólo que no genera soluciones, sino que empeora la situación autorizando la deforestación masiva.

De poco nos sirve tener una sociedad civil tan solidaria, tan dispuesta a movilizarse y a jugarse el pellejo, mientras no cuente con el apoyo necesario del Estado, que se supone que para eso se ha inventado…

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.
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