Vamos a andar

Octubre, revoluciones y sociedad civil

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viernes, 20 de octubre de 2017 · 00:00
Este mes nos ha estado recordando los 100 años de la Revolución Rusa, los 50 años de la muerte del Che y los 14 años de la llamada Guerra del Gas. Además de todo lo que se ha comentado y vivido al respecto, creo que puede tener sentido analizar la participación de la sociedad civil en dichos acontecimientos. Esto a partir de la idea fundamental de que una verdadera revolución es la que tiene como sujeto a la sociedad civil y cuyo resultado, por tanto, tiene que medirse en un fortalecimiento de la misma (lo que se expresa en el lema "cada vez menos Estado y más sociedad civil”).
 
 La Revolución de 1917 fue, evidentemente, un triunfo histórico de la sociedad civil rusa, bajo el sabio liderazgo de Lenin, pero que enseguida fue víctima de la claudicación de otra serie de movimientos sociales europeos (particularmente en Alemania) en los que se impuso la moderna social-democracia (cuya meta no es otra que un sistema capitalista con participación social). Ante este hecho, el propio Lenin ve caerse el principio de que es imposible la revolución en un solo país y antes que renunciar a su revolución decide llevarla delante de manera aislada. El resultado fue una angustiosa situación de la flamante revolución, atacada por el conjunto del mundo capitalista, lo que aparentemen te justificaba la centralización del poder, el fortalecimiento del Estado y, por tanto, el creciente sometimiento de la sociedad civil.
 
Y a la muerte de Lenin se produjo el fenómeno estalinista, que consistió en la absolutización del Estado y, por tanto, en la paulatina desaparición de la revolución (aunque no se pueda negar que así y todo fue más saludable para el planeta la existencia de la URSS que la pervivencia de los zares).
 
La guerrilla y la muerte prematura del Che Guevara fueron algo mucho más pequeño pero también mucho más dramático, porque si algo caracteriza su gesta heroica en Bolivia es el absoluto aislamiento social de la guerrilla; es decir,  el total desinterés de la sociedad civil por el ambicioso proyecto del Che (convertir a la cordillera de los Andes en la sierra maestra de América del Sur). Lo curioso es que el Che tenía clarísimo que una verdadera revolución lleva al fortalecimiento de la sociedad civil (de ahí sus desacuerdos con la URSS y su decepción ante el control soviético de la Revolución Cubana). Y, sin embargo, decidió continuar con el proyecto guerrillero pese al desinterés absoluto de la sociedad civil boliviana (ahí el papel del pacto militar-campesino).  Sólo se explica esta contradicción por la decepción que traía el Che de su fracasada campaña guerrillera en Angola, lo que lo llevó a optar por la muerte prematura (antes que renunciar a una lucha que se anunciaba como inútil).
 
Y nuestra Guerra de Octubre ¿qué? Para empezar es importante diagnosticar que efectivamente tuvo como sujeto a la sociedad civil organizada, con su epicentro en Achacachi y en El Alto, pero con diferentes niveles de participación en todo el país. Cierto que se consiguió la renuncia y fuga del Goni (con todo su absurdo y ya entonces fracasado proyecto neoliberal), y a partir de ahí el comienzo de un proceso de cambio, que tuvo su punto culminante en el triunfo electoral de Evo Morales, en diciembre del 2005. Y como segundo punto culminante la Asamblea Constituyente, que fue expresión de una sociedad civil activa, participativa y verdaderamente creativa. Hasta ahí se venía cumpliendo la consigna gestada en la Guerra del Agua, que en realidad había sido el comienzo de todo el proceso y que generó como consigna clarísima la de "cada vez menos Estado y más sociedad civil”.
 
Sin embargo, la escasa claridad política de las masas movilizadas, más el inevitable efecto tóxico del poder, llevó a un creciente fortalecimiento del Estado y a un creciente sometimiento de la sociedad civil a ese Estado.  Valgan como ejemplos expresivos la represión de la movilización indígena por el TIPNIS, la cooptación de una CIDOB y un Conamaq paralelos, la guerra estatal contra las ONG (sociedad civil), las maniobras estatales para el control de la prensa (mal que mal expresión de la sociedad civil), el endiosamiento de las máximas autoridades del Estado y, finalmente, el desprecio de los resultados de un referendo (máxima expresión de la sociedad civil). ¿No valdrá la pena reflexionar sobre todo esto…?
 
Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

 


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