Vamos a andar

Roboré, un preocupante botón de muestra

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viernes, 16 de noviembre de 2018 · 00:12

Esta semana la noticia fue Roboré, un lugar tranquilo y turístico, donde repentinamente estalló la tormenta, cuyo rayo más sorprendente fue la lamentable quema de la estación de Policía. Pero veamos los diferentes elementos de tan inesperada crisis social.

El primer elemento fue la decisión del INRA de entregar dos territorios del bosque seco chiquitano, declarados como reservas ambientales, a la voracidad de comunidades “interculturales”, que lo primero que harán será acabar con el bosque y, por supuesto, pisar los derechos ancestrales de los pueblos que habitan dicho territorio. 

Una vez más la Madre Tierra sometida a manoseo, en aras de una supuesta “producción agrícola rentable” que probablemente se concentre en el cultivo de soya transgénica. Desgracia tras desgracia. ¿Fue para eso que se creó el INRA? ¿Realmente el supuesto “Estado Plurinacional” se creó para beneficio de una organización campesina y a costa de los pueblos indígenas originarios de tierras bajas?

El segundo elemento fue la reacción airada de esos pueblos que, con todo derecho, rechazan esa intervención del INRA y que decidieron bloquear todos los caminos. Hasta aquí, normal. ¿Qué otra cosa podían hacer esos pueblos a los que se les dijo que eran sujetos de pleno derecho del nuevo Estado?

El tercer elemento fue la violencia estatal. El INRA pidió la movilización de 400 efectivos policiales para reprimir a los indígenas (a quienes calificaban de ser una cincuentena de borrachos). ¿Es para eso que tenemos Policía? ¿Es ésa la forma adecuada de manejar un problema social? Una intervención represiva de esa magnitud contra pueblos indígenas no se daba desde los tiempos en que el Partido Conservador reprimía al pueblo aymara (provocando la furia y organización militar de dicho pueblo bajo la conducción de Pablo Zárate Willka).

El cuarto elemento fue la violencia de las organizaciones indígenas, que decidieron reducir a cenizas la estación policial. Realmente lamentable, incendiar y quemar no son métodos democráticos ni convivenciales. Pero por otra parte ¿qué podían hacer esos pueblos ignorados y pisoteados? No basta tener claro lo que no debían hacer.

No podemos dejar de analizar que fue el Estado (supuestamente Plurinacional) el que provocó semejante reacción y, por supuesto, es ese Estado el principal responsable de la violación de derechos, tanto de los pueblos indígenas como de la Madre Tierra.

¿No resulta peligroso que estemos perdiendo la serenidad hasta ese extremo? Porque esa actitud del INRA, y de la Policía, responden a una actitud generalizada del Gobierno frente a quienes piensan diferente y expresan sus críticas. Ahí está la detención de un albañil por haberle recordado al Presidente que “Bolivia dijo No” (y por cierto nadie ha podido ver la historia de que además le hubiera echado agua). 

Ahí están los insultos que el propio Presidente ha dedicado a otros partidos y candidatos. Vivimos momentos de intransigencia que no le hacen bien a nadie y que nos podrían acercar a situaciones parecidas a la venezolana. Ahí están las maniobras legales para contrarrestar el crecimiento de las fuerzas políticas opositoras (como el invento de las elecciones primarias). Ahí está la insoportable violación de la división de poderes. Este crecimiento de la hostilidad —de parte de ambos bandos— no le hace bien a nadie.

Estamos violando los principios constitucionales que le daban sentido al actual gobierno, entre los que sobresalen los derechos de la Madre Tierra, la cualidad plural y respetuosa del Estado Plurinacional, el derecho a la participación social, el rechazo del ilusorio desarrollismo (que nos inculcara hace más de medio siglo el presidente Truman) para sustituirlo por la consigna del Vivir Bien…

Es urgente recuperar la serenidad, la capacidad de diálogo, la capacidad de autocrítica. Y un mínimo de humildad. De lo contrario, estaremos promoviendo la consolidación de la peor de las derechas (pensemos en el Brasil de Bolsonaro…). Ojalá me equivoque.

 

Rafael  Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba. 

 

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