Vamos a andar

¿Más endeudados que nunca?

viernes, 28 de diciembre de 2018 · 00:12

Se ha suscitado una polémica pública por el nivel de endeudamiento externo al que ha llegado nuestro país y que supera el de todos los gobiernos anteriores. Y desde el Gobierno nos explican que el endeudamiento en sí mismo no es malo, y que puede ser positivo… Para empezar, éste es un planteamiento netamente capitalista (y en el mejor de los casos desarrollista), que no tiene nada que ver con el Vivir Bien (que era el nuevo horizonte definido por la Constitución); pero incluso desde una perspectiva capitalista el endeudamiento sólo puede ser legítimo cuando arroja beneficios. 

Puede ser que realmente sea beneficioso endeudarse cuando las condiciones de los préstamos no son abusivas, y cuando gracias a ese capital prestado se construye emprendimientos productivos que a la larga superarán el dinero gastado en pagar los intereses del capital prestado. ¿Será ése nuestro caso?

Si repasamos la historia económica de los últimos años nos encontramos con enormes masas de capital invertido en proyectos que no son productivos, y que, por tanto, no justificarían ningún endeudamiento: ahí están los palacios y edificios administrativos (que sólo pueden tener sentido cuando sobra dinero); ahí están los aeropuertos que no se usan (y que, por tanto, no tendrían sentido aun cuando nos sobrara capital); ahí están las terminales presidenciales (absolutamente innecesarias) y los helicópteros y aviones presidenciales cuyo sentido ya lo ha calificado el flamante presidente mexicano; ahí están los enormes museos que no se utilizan (y que sólo tendrían sentido si nos sobrara la plata); ahí el Rally Dakar (afortunadamente difunto); ahí está el decreto de un doble aguinaldo a todas luces forzado; y muchos etcéteras.

Y cuando nos encontramos con capital invertido en proyectos productivos (los que a primera vista sí tienen sentido) resulta que ninguno ha resultado suficientemente rentable: o hay defectos estructurales, o hay problemas de mercado internacional (que había que haberlos pensado antes), o hay problemas de materia prima, o simplemente los proyectos no acaban de construirse (con lo que los intereses corren inútilmente), como es el caso del hierro del Mutún o del litio del Salar… Pero además es evidente que un país que tiene que prestarse capital para inversiones (porque no tiene capital propio) no puede darse el lujo de malgastar el capital propio en temas tan evidentemente absurdos como unas elecciones primarias que no se justificarían en ninguna parte (y el argumento de que tiene sentido gastar 27 millones de bolivianos “para que los partidos políticos muestren su musculatura” es simplemente una falta de respeto a la inteligencia de la ciudadanía…).

Puede que quienes no hemos estudiado economía tengamos una visión insuficiente del tema, y puede que estemos equivocados. Pero lo que debería ocurrir en un Estado Democrático (que es lo menos a que podemos aspirar, descartando ya como fracaso lo del Estado Plurinacional) es que toda esta problemática sea objeto de información detallada y de debate social. Porque al endeudarse nuestro país  nos estamos endeudando todas las ciudadanas y ciudadanos del mismo (incluyendo las y los que todavía no han nacido). Y, por tanto, se puede afirmar a que tenemos derecho de opinar —aunque no seamos economistas— sobre la conveniencia o no de contraer un endeudamiento externo que no sólo supera las deudas contraídas en nuestra historia sino que en realidad supera nuestra capacidad de pago.

En resumen: los compañeros del Gobierno tienen la obligación -democrática- de explicarnos los montos a que ha llegado y puede llegar nuestro endeudamiento externo y los recursos con que vamos a pagar ese endeudamiento. Y al final si nos equivocamos que sea una equivocación compartida por el conjunto de la ciudadanía y no un grupito de gobernantes que van perdiendo cada vez más el contacto con la realidad. ¿No lo creen así, queridos lectores y lectoras?

 

Rafael  Puente es miembro del  Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

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