Vamos a andar

Lo que nos faltaba: producir armamento

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viernes, 30 de marzo de 2018 · 00:06

Última noticia: el Senado acaba de aprobar un convenio de cooperación técnico-militar entre Bolivia y Bielorrusia para la producción, modernización, reparación y entrega de armamento de aviación, que incluye también técnica y armamento para el Ejército de tierra. Cuesta creerlo pero parece real. Y no es que nos alarmemos porque dicho convenio vaya a romper la vocación pacifista que profesa la Constitución (si algo hemos aprendido en nuestra historia es que no somos un país guerrero). Lo que sí nos alarma es que nuestro Estado Plurinacional se vaya a meter en un proyecto que sin duda requiere presupuesto, y no un presupuesto cualquiera.


 El presupuesto de salud pública es cada año más insuficiente (a costa del sufrimiento -y muchas veces la muerte- de nuestra población; y eso por falta de hospitales con equipamiento moderno y suficiente, de medicinas y tratamiento al alcance del ciudadano común; es decir, por falta de presupuesto). El presupuesto de Educación es también insuficiente y las universidades crecen desmesuradamente sin poder financiar adecuadamente ese crecimiento.


 Las gobernaciones se quejan de los crecientes recortes presupuestarios (y por eso no funciona el famoso Pacto Fiscal). El Ministerio de Culturas -al margen de la decepcionante calidad de sus titulares- es miserable. El servicio de correos está en quiebra. La Administradora Boliviana de Carreteras no tiene plata para reparar los desastres camineros producidos por las lluvias y riadas.  La medicina tradicional sigue siendo una Cenicienta (no sólo por falta de presupuesto, pero también por eso). ¿Y vamos a destinar presupuesto a algo tan innecesario como la producción de armamento y similares que no necesitamos para nada? ¿Era ése el cambio que nos habíamos propuesto y por el que la gran mayoría de bolivianos y bolivianas hemos votado?


 Puestos a industrializar el país -otra vieja promesa incumplida- habría que empezar por lo que realmente nos hace falta. La soberanía alimentaria -una propuesta novedosa de las elecciones del 2005- es cada año menor, entre otras cosas porque la agricultura no es rentable para nuestras familias campesinas, que tienen que comprar palas, picos y machetes importados (no hablemos de fumigadoras, tractores y camiones); mientras los megaproyectos industriales (como el del litio y la úrea) o no funcionan o funcionan mal.


  ¿No es en parte por eso que hoy ningún hijo de campesino quiere ser campesino? ¿No es por eso que cada año importamos una mayor proporción de alimentos de otros países (que no presumen de “revolución democrática y cultural” pero por lo menos tienen sentido común)?


 ¿No resulta incomprensible que precisamente nuestros gobernantes salidos del pueblo piensen que modernizar Bolivia consiste en montar una planta de energía atómica y ahora en la fabricación de armamento de guerra (casualmente ambos en cooperación con países de la ex Unión Soviética)?


 ¿Será que no podemos aprender de países como Suiza (Primer Mundo) y Costa Rica (Tercer Mundo), cuyo secreto financiero consiste en que no (mal) gastan dinero en Fuerzas Armadas y menos todavía en fabricación de armamento?


 Señores y señoras del Senado: ¿a quién representan ustedes? ¿A quién le han preguntado su opinión antes de aprobar semejante proyecto? Lo que es evidente es que a sus electores y electoras no nos han consultado. ¿No era que ustedes nos representan? Ante decisiones como ésta que aquí comentamos resulta evidente que no. En lugar de representarnos ¿nos sustituyen? ¿Es ésa la democracia de la que tanto hablamos? Está claro que no, que lo que tenemos es cada vez más una autocracia… Qué pena (por ustedes y por nosotros y nosotras).

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba. 

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