Vamos a andar

La patraña de la ciudadanía universal

viernes, 24 de mayo de 2019 · 00:10

Nuestro actual Presidente, que inició su ya larga gestión con una serie de decisiones valientes y consecuentes -entre ellas la nacionalización de los hidrocarburos y la renacionalización de ENTEL, ENFE y SABSA; entre ellas los diferentes bonos sociales- y que formuló novedades políticas que le dieron prestigio universal -ahí el Estado Plurinacional, los Derechos de la Madre Tierra, el Vivir Bien-, a partir de su segundo mandato empezó a claudicar de manera alarmantemente progresiva.

El primer paso atrás fue el drama del Tipnis (al diablo los derechos de la Madre Tierra y los derechos de los pueblos indígenas que siguen siendo de segunda, por tanto chau Estado Plurinacional), y los pasos siguientes tuvieron que ver con la recuperación del engañoso concepto de Desarrollo (chau Vivir Bien), con el fin del Estado participativo y con los crecientes escándalos de corrupción, sin olvidarnos de un antiimperialismo, que se mantuvo circunscrito al imperialismo norteamericano pero abrió todas las puertas necesarias al imperialismo chino...

Sin embargo, al Presidente no le faltaban -para sus discursos- ideas novedosas, entre las que sobresale la sorprendente y utópica propuesta de la ciudadanía universal. Era previsible que esta propuesta caería en el vacío, ya que el mundo en que vivimos se está alejando cada vez más de ese tipo de ciudadanía (vivimos la época más dramática para los millones de seres humanos que para sobrevivir se ven obligados a emigrar y a los que casi nadie quiere recibir). Pero cabía esperar que por lo menos dentro de nuestro Estado nos moveríamos en términos de acercarnos -por lo menos un poco- a ese sueño de ciudadanía universal.

Y ese nuevo horizonte lo primero que requería era una reforma del servicio de Migración, que siempre había sido un desastre; que el año 2006 se comprobó que podía empezar a cambiar, pero que a estas alturas no ha hecho más que empeorar. El servicio de Migración en los hechos es cualquier cosa menos un servicio, ha pasado a ser una tranca burocrática y ha convertido poco menos que en mendigos a las personas de otros países, y culturas que por diferentes razones quieren visitar y conocer Bolivia (y que incluso quieren prestar servicios voluntarios en nuestro país).

Casualmente tengo en mis manos un documento reciente que nos sirve de botón de muestra. Resulta que se está organizando en Bolivia nada menos que el 19º curso internacional de agroforestería dinámica -¡falta que nos hace!-, un curso que será en inglés y en castellano, y para el que se cuenta con participantes de Ghana, Samoa, Indonesia, Ecuador, Honduras y algunos países europeos. Pero resulta que cuando se solicita a Migración cartas de invitación visadas para cuatro participantes de Ghana (de manera que a la hora de emprender viaje a Bolivia no tengan problemas con su línea aérea), la solicitud es rechazada con el argumento de que el gerente del curso -el responsable de la organización Ecotop- “no tiene el poder específico para hacer trámites ante Migración”… ¡¡¿Ahora resulta que para acudir a un servicio público hace falta un poder específico?!!

¿Dónde queda, compañeros del Gobierno el prometedor concepto de “ciudadanía universal”? Por el contrario, da la impresión de que se le niega derechos ciudadanos a cualquier forastero, utilizando para ello pretextos burocráticos. Y por otro lado, se ha publicado en este mismo periódico el dato de que 14 narcotraficantes extranjeros cuentan con carnet de identidad boliviano (parece que pudieron comprar certificados de nacimiento falsos por el módico precio de mil dólares)…

Así ocurre siempre, cuando la burocracia se vuelve insoportable se abren las puertas para la corrupción y lo que no se puede conseguir legalmente se consigue poniendo plata (y los que no tienen plata se tienen nomás que fregar, quién les manda ser ciudadanos honestos…).

Así estamos, con las esperanzas truncadas y las manos amarradas. ¿Y ahora quién podrá defendernos?

 

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba

 

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