Rafael Puente Guardia

Cuando el propio Estado promueve los incendios

viernes, 06 de septiembre de 2019 · 00:10

Hemos leído con gran preocupación las numerosas noticias sobre el incremento de bosques incendiados, y no nos queda más remedio que creerle a Pablo Solón cuando nos informa que el actual modelo económico, que incentiva el chaqueo, y que el año 2016 dejó 300 mil hectáreas quemadas, este año 2019 ya ha quemado 1 millón de hectáreas; y que el 75%  de ese desastre tiene que ver con la expansión de la frontera agrícola y con el modelo agroindustrial exportador (donde además lo “agroindustrial” se concentra en la producción de soya transgénica)… Todo esto es parte del modelo económico extractivista que poco a poco nos va a dejar sin Madre Tierra.

Efectivamente en 13 años el presidente Evo aprobó cuatro  leyes que afectan a bosques y tierras –además de practicar los “perdonazos” tributarios para los desmontes–, ampliando interminablemente la frontera agrícola; y lo hemos oído explicar que a él le gustaría que hubiera menos chaqueos, pero que, entonces, “¿de qué íbamos a vivir?”. Se trata, por tanto, de toda una concepción del “desarrollo” a costa de la naturaleza, y, por ende, sin ninguna perspectiva positiva de largo plazo.

Pero, además,  de un gobierno como el actual cabría esperar que se preocupara por conocer otras formas de trabajar y aprovechar la tierra, no como víctima sino como fantástica aliada. Se comprende que el Presidente no pueda saberlo todo, pero sus ministros y autoridades de agricultura y de medioambiente sí deberían tomarse la molestia de averiguar si hay formas alternativas de incrementar la producción agrícola sin liquidar a la Madre Tierra. Y resulta que en nuestro país existe por lo menos un proyecto que lleva más de 15 años practicando formas de chaqueo sin quema, es decir de preparación de los “chacos” agrícolas para mejorar la producción sin hacer daños ni a la naturaleza ni a nadie.

Esa experiencia se llama Ecotop, viene trabajando en Alto Beni (en el municipio de Palos Blancos), concretamente en la zona de Sapecho, de donde sale una abundante y excelente producción de cacao. Es una experiencia que está abierta a quien quiera conocerla. Son campesinos que producen (y ganan bien), pero no a costa de la naturaleza, sino todo lo contrario: su secreto es conservar la naturaleza sana y verde, y el “chaqueo” (o preparación del “chaco” para que produzca mejor) consiste precisamente en no quemar nada, en aprovechar la vegetación existente (incluyendo la espontánea) para mejorar la tierra, para abonarla, para combinar, en determinados momentos, determinadas formas de vegetación con la que se quiere hacer producir. Y son los propios campesinos de la zona los que con mucho gusto muestran su experiencia a quien quiera verla (y quien quiera saborearla puede comprar chocolates El Ceibo, que se hacen con ese cacao de Sapecho).

¿No tiene pleno sentido aprender de las experiencias exitosas que se vienen dando en nuestro propio país? La primera novedad, también respaldada por Ecotop, fue la producción de arroz sin quema previa, pero el modelo sirve para cualquier cultivo.

Pero, además, a estas alturas está comprobado que este método resulta más económico que el de la quema y que su rendimiento es superior. Es decir, hay alternativas; lo que falta son políticas nacionales bien pensadas, lo que falta son autoridades que antes de “ordenar” se preocupen de conocer y de pensar. Cuentan que, por ejemplo, en Ghana (un país experto en quemar sus suelos) se ha podido comprobar que la cooperativa más grande del país (con 100 mil socios) ya ha declarado la prioridad de la “no quema” como base de la asistencia técnica. ¿Y mientras tanto aquí en Bolivia, donde tenemos la larga experiencia de Ecotop, vamos a seguir quemando, e incluso incendiando?

Compañero Presidente: Si su Gobierno hubiera estudiado un poco antes de autorizar quemas, ahora no estaría Ud. sufriendo por los incendios, con o sin SuperTanker, con o sin ayuda de Argentina, con o sin la bendición de Bolsonaro. ¿Será que aprendemos?

 

Rafael  Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (Cueca) de Cochabamba. 

 

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