Rafael Puente

Estado y educación

viernes, 20 de noviembre de 2020 · 00:11

No se trata de repetir una vez más que el concepto mundial de educación (formal) es penoso y se confunde con domestación. Sobre ese tema ya hemos hablado y escrito bastante, y no me hago ilusiones de que los conceptos cambien. En lo que queremos pensar ahora es en la práctica de la educación (a partir de ese concepto, que hoy por hoy parece inevitable) y en la responsabilidad del Estado. Y partiendo del hecho —sin duda positivo— de que nuestra actual ley educativa lleva los nombres (¿y la experiencia?) de Elizardo Pérez y Avelino Siñani (en Warisata).

Y en este caso la novedad es la designación del nuevo ministro de Educación, don Adrián Rubén Quelca. Personalmente me atrevo a sospechar que, si bien nuestro flamante Presidente Luis Arce está haciendo una gestión realmente autónoma (en el sentido de que no depende de Evo Morales), no por eso deja de estar presionado por el MAS, peor aún, por los diferentes sectores y tendencias dentro de dicho partido. De lo contrario no se explica la designación de dicho ministro, que para nada responde a la línea concertadora y respetuosa del nuevo binomio presidencial.

Concretamente, el nuevo ministro se da el lujo de publicar —en las redes sociales, o sea de manera abierta y con amplia difusión— una serie de insultos que para nada responden a lo que debiera ser el estilo respetuoso y sereno de un ministro de Estado. Pero además escribe con faltas de ortografía (como “haber” en lugar de “a ver”) que no son permisibles en altas autoridades del Estado Plurinacional. Entre los insultos está el de calificar de “ladrona” a la presidenta saliente Jeanine Añez, a la que, por supuesto, se puede criticar pero en ningún caso insultar. O el de declarar “traidor” a don Rafael Quispe, en lugar de limitarse a criticar sus puntos de vista o sus actitudes.

El ministro Quelca no parece darse cuenta de lo que significa el rango de ministro y que desde ese cargo no puede darse el lujo de insultar a nadie. De la misma manera puede ser muy crítico del candidato Carlos Mesa, pero en ningún caso se justifica que lo insulte llamándolo “limosnero”, “fascista” o “mendigo” (además de que no hay elementos de juicio que pudieran justificar el contenido de esos insultos), y menos en boca de un ministro de Estado, y menos todavía del ministro de Educación.

De la misma manera, un ministro no puede darse el lujo de insultar públicamente a un alcalde (como en el caso del alcalde Luis Revilla, al que el ministro se da el lujo de llamar “Re-villano”). De un ministro de Educación lo que cabe esperar es que dé ejemplo (a maestros y maestras, a escolares y estudiantes en general, y a la sociedad en su conjunto) de lo que es un lenguaje claro pero respetuoso, vale decir libre de insultos y todo tipo de descalificaciones.

¿Qué pueden aprender nuestros niños y niñas de semejante ministro? ¿Con qué autoridad los maestros y maestras pueden pedirles a sus escolares que sean respetuosos, que no se insulten entre sí, ni se descalifiquen? Personalmente estoy seguro de que nuestro Presidente Arce ni nuestro Vicepresidente Choquehuanca serían capaces de faltarle así al respeto a nadie, y no se explica, por tanto, que hayan nombrado a semejante ministro si no es por presiones del partido de gobierno. Por tanto, esperamos que reaccionen y pongan en su lugar al ministro Quelca, o que lo cambien.

Y, por supuesto, estoy seguro de que en un régimen democrático cualquier ciudadano tiene el derecho de criticar a sus autoridades, y de que dichas críticas deben ser valoradas por el propio gobierno. Y desde esa seguridad estoy formulando estas críticas, además a partir de la convicción de que el conjunto de la sociedad boliviana tiene que aprender a respetar las diferencias culturales, las opciones políticas y los criterios personales. Pero sin faltarnos al respeto.

¿No lo cree usted así, ministro Quelca? Si no lo está, creo que debería renunciar…

 

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el  Cambio (CUECA) de Cochabamba.

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