Rafael Puente

¿Qué es demo-cracia?

viernes, 6 de noviembre de 2020 · 00:11

Nadie se atreve a discutir lo que la semana pasada formulábamos como concepto de la democracia, un sistema de organización del Estado (y, por tanto, de gobierno) en el que se respeta el derecho de cada ciudadano/a, tanto de quienes constituyen una mayoría como de quienes discrepan de la misma y tienen criterios diferentes. Y no hace falta explicar que el ejercicio del poder político le corresponde a la mayoría.

Todo esto es una teoría que nadie discute, pero en la práctica nos encontramos con grupos o sectores minoritarios que parecen pretender que sus criterios pesen más que los de la mayoría, y que como que no resignan a ser minoría. Ahí están los opositores al nuevo gobierno de Arce-Choquehuanca que piden se haga una “auditoría” a las últimas elecciones, como si no estuviera claro —e internacionalmente reconocido— que éstas fueron correctas; y por supuesto esa corrección incluye la necesidad de investigar algún caso (alguna urna, algún local electoral) en el que pudiera haber habido irregularidades. Pero teniendo también en cuenta que si las hubo, éstas no pueden cambiar los resultados de las elecciones más que en algunas décimas de proporción.

En Cochabamba han llegado a aparecer pequeños grupos de “bloqueadores” que sustituyen su escasez numérica (son sólo unos cuantos) con la contratación de volquetas que descargan escombros, por ejemplo en la avenida Beijing, y cuando la prensa los interroga afirman que lo hacen “con apoyo de los vecinos”. Todo eso es simplemente irrespeto de las decisiones mayoritarias y por tanto desconocimiento de la demo-cracia…

Por su parte aparecen masistas que piden la formación de “milicias” (y parece que ahí está metido el Conade, antiguamente tan respetado), lo que nos muestra que el desconocimiento de la demo-cracia también puede darse entre los ganadores, y en nuestra historia hubo grupos dictatoriales que al mismo tiempo eran mayoritarios, pero que no pensaban respetar las demandas y criterios de las minorías.

Realmente cabe afirmar que en Bolivia nos falta mucho para compartir una auténtica lógica democrática.

Salvador Romero, presidente del TSE (Tribunal Supremo Electoral), ha dado sobradas muestras de honestidad e inteligencia, y sigue esperando que las denuncias de fraude vayan respaldadas por algún tipo de pruebas. Pero los grupos que están en desacuerdo con la situación siguen pronunciando denuncias sin ningún respaldo.

Otra muestra del absoluto irrespeto (o ignorancia) de la demo-cracia es la actitud de un gobierno transitorio y casual (que nadie había elegido) como el de la señora. Jeanine Áñez, que en estos momentos está promoviendo el tráfico de tierras (nada menos que 21 mil hectáreas en San José de Chiquitos y 12 mil hectáreas en Sagrado Corazón). ¿Son esos criterios democráticos? La presidenta interina debería tener claro que la demo-cracia exige el respeto a la voluntad popular mayoritaria (por la que ella no fue elegida) y por tanto la consecuencia democrática es que no se meta a tomar ningún tipo de decisiones…

En resumen, que a todas luces queda claro que en Bolivia lo que nos falta no es voluntad participativa y consciencia de que el país es de todos, lo que no es poco, en muchos países el problema es precisamente que una parte importante (cuando no mayoritaria) de la población no se preocupa de lo que pasa en ese país suyo. En cambio en Bolivia la voluntad participativa nunca ha dejado de existir, ese es nuestro rasgo positivo, pero el negativo es que no siempre sentimos que esa participación contiene tendencias diferentes, y que la única manera de ponernos de acuerdo es respetar el parecer de la mayoría (y de parte de la mayoría mantener un mínimo de respeto por las ideas y tendencias de las minorías...).

Parece difícil, ¿verdad? Pero es la única forma de evitar que acabemos destruyéndonos como país con vocación democrática.

¿Será que aprendemos?

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

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