Rafael Puente

¿Nos acostumbraremos a la división de poderes?

viernes, 13 de marzo de 2020 · 00:10

No es que veneremos el sistema democrático con sus tres poderes (o cuatro), puesto que al final se trata de una forma de Estado, y el Estado es de por sí deshumanizante. Pero es lo que tenemos, y dentro de esas limitaciones lo más democrático que se ha logrado hasta ahora es la división de poderes… Lo que pasa es que hemos estado 10 años con un gobierno en el que -al haber ganado Evo Morales con más de dos tercios- en la práctica el poder era todo de su partido, lo que le permitió gobernar autocráticamente y llegar al extremo de controlarlo todo, incluyendo el Tribunal Supremo de Justicia y el Tribunal Supremo Electoral.

Pero no parece que ese fenómeno sea repetible (afortunadamente), al menos por un buen tiempo. Por eso resulta interesante analizar el último conflicto que se ha producido cuando la presidenta Añez (representante legítima del Poder Ejecutivo, eso no está en discusión) designa, en uso de sus atribuciones, al ciudadano Luis Fernando López como ministro de Defensa. Pero inmediatamente se encuentra con que el Poder Legislativo, también en uso de sus atribuciones, observa a dicho ministro y pide su destitución (no interesa ahora cuáles eran sus razones).

 La Presidenta aparentemente acata esa decisión, pero sorprendentemente vuelve a designar al mismo ciudadano en el mismo cargo, arriesgando un grave conflicto con el Poder Legislativo (con mayoría del MAS).

En este caso no parece que se trate de un problema irresoluble, pero es una señal de alarma, tanto más digna de atención cuando cabe prever que las próximas elecciones del 3 de mayo no tendrán como resultado el triunfo apoteósico de ningún partido, y, por tanto, se va a requerir un procedimiento respetuoso y pluralista en el ejercicio de los poderes del Estado. Y dicho procedimiento es doblemente imperioso cuando se trata de un gobierno provisional, como el de la presidenta Añez.

Puede ser que la decisión del Órgano Legislativo sea errónea, pero también puede ser que sea acertada, no es ése el problema. El problema está en la urgente necesidad de respetar las atribuciones de cada poder del Estado, aunque eso lleve a pérdida de tiempo, de energías e incluso de oportunidades políticas. La división de poderes está prevista en la Constitución y tiene que ser acatada por todos y todas.

Pero además es sano que así sea, que no haya un solo poder y que nunca volvamos al absolutismo, y no es porque todos los monarcas, dictadores y presidentes absolutos siempre se hayan equivocado. Pero los errores siempre son posibles, de lo que se trata es precisamente de que sean corregibles, y para eso la condición fundamental es que no exista ningún poder absoluto. 

Y en el caso que nos ocupa, cabe pensar en que a la larga el Ejecutivo y el Legislativo puedan llegar a un acuerdo, si hacen el esfuerzo de dialogar serenamente. Y mientras no se pongan de acuerdo, la única actitud constructiva es la de respetar las atribuciones y la decisión de cada órgano. ¿No lo cree usted, señora Presidenta?

Un dato para su reflexión. En los meses pasados la bancada mayoritaria del MAS nos dio la grata sorpresa de no ser sectaria. Es posible que hubiera en su seno legisladores o legisladoras con actitudes sectarias, pero resultó decisiva la actitud de quienes no lo eran y buscaban resolver los problemas políticos por la vía pacífica. Sin embargo, ahora nos encontramos con que incluso este grupo, partidario del diálogo, está mostrando su enojo con la actitud poco respetuosa de la Presidenta, ¿no le parece sospechoso y preocupante, doña Jeanine?

Y no se trata de discutir quién tiene razón en su apreciación sobre la calidad del mencionado ministro, sino de respetar el principio constitucional de la división de poderes (y dentro de ese respeto por supuesto sí tiene sentido la posible discusión). De lo contrario, podemos ir entrando en un proceso de ingobernabilidad que a nadie beneficia (al margen de que algunos pudieran estarla buscando). ¿O no lo cree usted así?

 

Rafael  Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba. 
 

 

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