Rafael Puente

¿Otra vez la democracia pactada?

viernes, 25 de septiembre de 2020 · 00:10

Con frecuencia la “democracia” (textualmente “gobierno del pueblo”) no responde a lo que la población libremente decide, sino a los intereses de individuos o grupos que establecen los acuerdos necesarios para que la tal “democracia” funcione. Desgraciadamente no hay más alternativas, y esta ficción de “democracia” resulta ser lo más a que podemos aspirar. La mayor parte de la población se siente decepcionada, pero es lo que hay. Y a los partidos para lo que les sirve es para compra-vender sus principios y sus candidatos/as. ¿Recuerdan Uds. cuando el MIR se vio empujado a pactar con el MNR del Goni —su polo opuesto— a costa de malvender sus principios y su historia? El líder de ese proceso, que fue Jaime Paz Zamora, lo formuló diciendo: “¡Qué difícil es ser boliviano!” (como si todos los bolivianos y bolivianas hubiéramos optado por su traición…).

Cierto que a veces aparecen partidos o “movimientos” con un caudal de apoyo político que les permite gobernar sin tener que “pactar” con quienes piensan diferente. A primera vista parece un fenómeno positivo, ya que un único partido con amplia mayoría nos libera de “acuerdos”, de concesiones y de medias tintas, qué bien, y éste fue el caso del MAS con Evo Morales…

Pero entonces ocurre la nueva desgracia “democrática”, y es que los partidos y presidentes con amplia mayoría tienden a emborracharse más rápidamente de poder que los que necesitaban mantener acuerdos. Y fue también el caso del MAS, que precisamente por su indiscutible mayoría podía seguir libremente su propio programa de gobierno, y, al cabo de cuatro años, se pudo comprobar que en realidad lo que se había logrado era un mayor abuso y aprovechamiento del poder, y una creciente impunidad para traicionar sus propios principios. ¿Recuerdan ustedes esa primera traición del MAS que fueron las descaradas concesiones que se hizo sobre el manejo del Tipnis?

Siguieron más de 14 años de creciente abuso del poder, y hoy ese partido (el MAS) se encuentra con mayoría relativa, con posibilidad de que incluso tenga que haber una segunda vuelta electoral, en la que podría perder…

Por tanto, está claro que hemos vuelto a la antigua situación en que nadie tiene suficiente mayoría y se tiene que pensar en alianzas. No es que esto sea preferible, pero es un hecho. Lo que me parece necesario pensar es que en esos últimos 14 años habíamos perdido la costumbre y la capacidad de hacer acuerdos, y eso ahora se nota. 

Ante las ya muy próximas elecciones el ambiente político es de descalificación de los adversarios; no aparecen intentos de diálogo, sino una especie de “estilo político conflictivo”: a los que piensan diferente se los descalifica, hasta el extremo de que se considera que Carlos Mesa está perdido porque se mantiene tranquilo, sin pelear con nadie. Y no es que personalmente esté haciendo campaña por dicho candidato (que ya nos mostró que llegando a la Presidencia no sabe qué hacer con ella). Pongo ese ejemplo porque es demostrativo de que en estos momentos la política se ha vuelto esencialmente confrontación, sin diálogo y sin coaliciones.

Esa actitud autoritaria lleva a descalificar a quien piensa diferente. Y no se trata de hacer alianzas al margen de visiones ideológicas y de experiencias políticas. De lo que se trata es de tomar nota de que se acabaron las mayorías absolutas y aumenta la importancia del debate sereno, del diálogo lo más constructivo posible, y del respeto a las ideas y convicciones diferentes.

¿Que así es difícil gobernar? De acuerdo, pero peleándose con todos y todas tampoco es posible gobernar (salvo en régimen de dictadura, cosa que nadie quiere). Los que no se “rebajan” a debatir con otros (porque son más débiles o por cualquier razón) no están percibiendo la nueva situación política que vivimos y que seguiremos viviendo por un buen tiempo. Y los que organizan bloqueos de caminos como una forma de hacer política no se han dado cuenta de cuál es la actual coyuntura política, como tampoco lo saben quienes se organizan para agredir físicamente a otras fuerzas políticas o a otros candidatos…

Y usted ¿qué piensa?

 

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

 

 

 

 


   

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