Rafael Puente

¿Podemos gastar energías en peleas internas?

viernes, 1 de octubre de 2021 · 05:11

El lado positivo de la medalla es el elevado nivel de participación política que caracteriza a nuestro país, donde los asuntos de estado no se dejan en manos de los gobernantes, y parece saludable que así sea, ya que el Estado depende de la sociedad, y no al revés (como muchos parece que quisieran).

“Yo le diría al Gobierno que ya basta de utilizar la fuerza pública, ya basta de perseguir a la gente, ya basta de masacrar a mis hermanos cocaleros” afirma el gobernador de La Paz, y por tanto —señala Santos Quispe— “el Gobierno tiene que devolver el mercado de coca a los cocaleros”. No es que éste sea nuestro problema principal, pero tiene importancia simbólica.

En los hechos parece que el Gobierno no se entera. El Presidente sigue empeñado en mantener presa a la ex presidenta Jeanine Áñez (y en acusarla de la muerte de 38 personas), como consecuencia de lo que el mismo Presidente se empeña en calificar —los sucesos del 2019— como “golpe de estado”. Como se empeña también en mantener vivo el conflicto con los cocaleros de Yungas (y no vale la pena preguntarse si Evo Morales influye en el tema).

En vano la Defensora del Pueblo se esmera en pedir la supresión de toda violencia (aunque sea meramente simbólica). Por su parte Rodrigo Paz pide desde Tarija una cumbre política y social (para terminar con los enfrentamientos); pero en los hechos los enfrentamientos se mantienen (en este caso en Santa Cruz, por temas tan secundarios como la iza o no de la Wiphala en las fiestas departamentales). ¿Realmente es el momento de gastar energías en pelear por eso, incluyendo juicios penales?

Mientras tanto los pueblos indígenas de Tierras Bajas han llegado del Beni a Santa Cruz, y ahora esperan que el Estado les dé bola; y la Policía entra en conflicto con los cocaleros de los Yungas. Todo esto en momentos en que los casos de Covid han sumado más de 500 mil en año y medio.

De momento nuestra salvación es que ha subido el precio internacional del gas. Pero eso no quita que de nuestra parte, como sociedad civil, hacemos lo posible para que los conflictos se mantengan y se multipliquen. Y el día en que todo esto influya en la crisis monetaria —¿o alguien cree que el valor actual de la moneda está ya definitivamente consolidado?— la situación del país se va a volver insostenible.

En el mundo entero se siente la crisis económica global. ¿No tendríamos que gastar la mayor parte de nuestras energías en resolver esa crisis, en lugar de dedicarlas a pelearnos entre nosotros? ¿Tiene la participación que ser siempre conflictiva?

No se trata de que hagamos a un lado nuestra responsabilidad política y dejemos nuestra suerte en manos de nuestros gobernantes. La participación tiene que seguir siendo el elemento central de nuestra vida política; pero reservando nuestras energías para construir y no para intentar destruir; y la primera instancia que tendría que entender esto son las instituciones gubernamentales (empezando por la Presidencia del Estado), y eso es justo lo que no está ocurriendo.

Siempre estaremos a tiempo de discrepar, e incluso de enfrentarnos; pero no es lo más adecuado cuando la crisis económica aprieta, cuando cada vez disminuyen los puestos de trabajo, cuando corremos el peligro de entrar en una crisis insuperable.

¿No lo creen así ustedes, queridos lectores y lectoras?

 

Rafael  Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

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