Rafael Puente

Las desgracias del estado boliviano ¿ya son parte de nuestra imagen internacional?

viernes, 22 de octubre de 2021 · 05:11

Es normal y comprensible que dentro de nuestro país coexistan diversas ideologías y diversos partidos, con sus respectivas contradicciones, e incluso puede ser lamentable, pero lamentablemente inevitable, que nuestras autoridades se contradigan. Lo que no se puede aceptar es que lleven nuestros problemas internos, y las inconsecuencias de nuestros gobiernos, a espacios internacionales.

Sin embargo ahí tenemos a Evo Morales, nuestro ex Presidente mundialmente conocido, haciendo declaraciones respecto de su futuro como empresario exportador, poseedor de un capital de casi 1.200 millones de bolivianos, además de un renta mensual equivalente a 10 salarios mínimos. Al mismo tiempo se publica en la prensa el dato de que en la última gestión de gobierno estuvo de acuerdo en que su partido (el Movimiento Al Socialismo - MAS), y con el apoyo de los dos tercios de sus legisladores, gastara 397,4 millones de bolivianos para forzar la reelección de Evo Morales en las penúltimas elecciones (recursos que no queda claro de dónde salieron y que se utilizaron para un referéndum, una elección primaria y los comicios generales de 2019, a los que después él mismo descalificó)…

¿En qué gastó el MAS esa suma? Por lo visto en el referéndum del 21-F, en las elecciones primarias del 2018 y en las elecciones del 2019, gastos además inútiles porque ninguno de esos eventos se hizo realidad.

¿Dónde queda aquel Evo Morales de su primera gestión —sigo afirmando que la mejor de nuestra historia— que se rebajó el sueldo y nos prometió públicamente que acabada su gestión no cobraría ninguna renta del Estado, lo que habría sido inconsecuente con la filosofía del “Vivir Bien” y con las limitadas posibilidades financieras del Estado Plurinacional que él mismo fundaría? Son las transformaciones que produce el ejercicio del poder.

Por supuesto que para inconsecuencias como ésta se inventó un poder paralelo al Ejecutivo que es el Poder Judicial, pero siempre supimos que el Poder Judicial no es más que un sub-poder totalmente sometido al Ejecutivo.

Pero todo esto es una suma de desgracias internas que nosotros mismos, como ciudadanos y ciudadanas de este Estado debemos corregir, o por lo menos luchar para corregir.

Sin embargo nuestro actual Presidente constitucional, elegido con un 55 por ciento de votos (mayoría más que absoluta) ahora convierte todo lo dicho en una lamentable y risible imagen internacional, cuando lleva a la 76ª Asamblea de Naciones Unidas nada menos que a los culpables de lo que ahora llama “golpe” de estado del 2019, calificación con la que la mayor parte de la ciudadanía no está de acuerdo. Pero estas discrepancias políticas son un problema interno que dentro del país tendríamos que resolver en vez de contárselas al mundo entero.

Sin embargo nuestro Presidente las internacionaliza, y nada menos que en Asamblea de la ONU declara culpables a la Policía, a las Fuerzas Armadas, a los comités cívicos, a la Iglesia Católica, a los medios de comunicación, al gobierno argentino, y a la Organización de Estados Americanos. O sea que todos somos culpables, menos él… ¿No se da cuenta de que está haciendo el ridículo? Pero además el que aparece mundialmente como ridículo es nuestro país. ¿No debería nuestro Presidente tratar esos problemas aquí en el país, dialogando con los diferentes sujetos políticos del mismo, que a fin de cuentas somos todos? No, su obsesión por seguir calificando de “golpe” aquella movilización social que llevó a la renuncia de Evo Morales y su Vicepresidente, lo lleva a desacreditarnos a todos (y en primer lugar a sí mismo) en espacios internacionales. ¿Puede llegar hasta ahí su sometimiento a Evo? Cuando votábamos por él en las últimas elecciones esperábamos otra cosa, pero no, está claro que el poder obnubila, pero a nuestro Presidente lo obnubiló demasiado rápido.

Las diferentes delegaciones de la Asamblea de Naciones Unidas se deben estar riendo de nosotros. Y ni el Chavo del Ocho nos puede defender.

 

Rafael  Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

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