Rafael Puente

El hipermasista ministro Quelca se pasó de la raya

viernes, 26 de noviembre de 2021 · 05:11

El exministro de Educación –un masista llunk’u y sin moral política– que lleva el nombre de Adrián Quelca y se movía en su espacio de poder con la típica visión de obtener de su cargo ventajas personales y de grupo ha sido destituido (e incluso guarda detención domiciliaria). ¿Cómo se explica tratándose de un militante incondicional del partido de gobierno? Porque se pasó de la raya y cometió lo que llaman “tráfico de exámenes” en beneficio personal suyo y de 12 de sus allegados, tráfico que aparece haber sido instruido por el propio Quelca al entonces director de Educación Superior, Agustín Tarifa. Por lo demás, la información que ha dado la prensa es que todos esos “allegados” son militantes del Partido Comunista de Bolivia, lo que personalmente me extraña mucho y considero un dato por ratificar (para empezar el propio Quelca se supone que era hombre del MAS y no del PCB).

En todo caso, se ha paralizado el proceso de despidos que él venía ordenando desde su cargo y se ha anulado la designación de esos 12 “allegados” como catedráticos de “normales” (como llamamos a las instancias específicas para la formación de maestros), designación que estaba en manos de Yver Colque, director (también saliente) de formación de maestros. Por lo demás, no deja de ser curioso que entre esos allegados se encuentran maestros con apellidos como Misme, Colque y Nina; es decir que nos encontramos con que la cultura de la corrupción está ingresando en los sectores populares de nuestros pueblos indígenas andinos, nada menos que por la vía del ejercicio del magisterio. ¿Será que nuestras culturas ancestrales no están preparadas para eso que llamamos “democracia” y que ya sabíamos que tiene más de “cracia” (poder) que de “demos” (pueblo)?

El hecho –triste– es que la corrupción parece haber infectado también el espacio institucional de la educación formal, ciertamente mal pagado y con escasa calidad profesional, pero que al menos no había sido manchado (que sepamos) por la dominante “cultura” de la corrupción. Y es que esa “cultura” es de carácter invasivo y no distingue ni niveles ni profesiones.

Por supuesto, no podemos suponer que ese avance de la corrupción en el ámbito educativo sea general. Estamos seguros de que la gran mayoría de nuestros maestros y maestras, pese a estar mal pagados, hacen un trabajo honesto y lo hacen por vocación y no por conveniencia. Pero llama la atención que sea precisamente en el ministerio de Educación donde ahora parece florecer esa cultura. Ya nuestro sistema educativo es deficiente (no resistiría una comparación con otros países de nuestro propio continente) como  para que ahora se vea además manchado por la corrupción. Afortunadamente, la reacción del Estado ha sido rápida y está sancionando a Quelca y a sus cómplices. Ojalá este antecedente sea fructífero.

Y si podemos afirmar la baja calidad de nuestro sistema educativo, tenemos claro que la culpa no es de maestros y maestras, sino de una visión estatal en que no se le da a la educación escolar de niños, niñas y adolescentes la importancia que tiene. Son las respectivas autoridades de los poderes Ejecutivo y Legislativo las que no reconocen esa importancia, no los mal pagados maestros y maestras, que vienen a ser más víctimas que culpables.

Lo que falta por reconocer es la responsabilidad que tiene –tenemos– el conjunto de la sociedad civil, que en nuestro país se moviliza por cualquier tipo de temas y problemas, pero nunca por la calidad de la educación (que a partir de la Reforma Educativa de 1955, ha perdido esa calidad –que sin duda tenía, y lo digo por experiencia propia, recordando mi asistencia a instancias educativas fiscales, tanto de Primaria como de Secundaria– en beneficio de la cantidad, sin negar que ésta también es muy importante).

Y ahora, ¿quién podrá defendernos?

 

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (Cueca) de Cochabamba

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