Rafael Puente

Iglesia Católica machista e inhumana

viernes, 5 de noviembre de 2021 · 05:12

Ya ha salido abundante información (con frecuencia muy crítica) sobre el caso de la niña de 11 años que fue víctima de violación (¡por su abuelastro!, del que  nadie nos cuenta que esté preso) y a la que la Iglesia Católica ha llevado a una “casa de acogida”, ofreciendo además trabajo a su madre con un sueldo mensual de 2 mil bolivianos (¡por cuatro meses!, qué generosidad) a cambio de que la niña no aborte, que es por supuesto lo que la niña quería y necesitaba hacer.

Por supuesto la condena de este hecho es múltiple. La Defensoría de la Niñez  (de Yapacaní) ha sido la primera en hacerlo, y el Ministerio de Gobierno también, basándose en la sentencia constitucional 206/2014 que avala la interrupción legal del embarazo. Incluso la Policía habla de “revictimización” de la niña. Y no vale la pena reiterar esa larga suma de críticas.

Pero sí es el momento de analizar el carácter inadmisiblemente machista e inhumano de la Iglesia Católica, que es la protagonista principal de este crimen que acaba con la infancia de una niña/víctima y se queda tan tranquila después de su conducta profundamente inhumana (a cambio de 8 mil bolivianos, una miserable limosna teniendo en cuenta las copiosas riquezas de dicha Iglesia).

Efectivamente para la Iglesia Católica (hablamos de la institución, no de sus miembros, que en su mayoría cabe suponer que no están de acuerdo), el género humano es fundamentalmente masculino, y las mujeres están ahí como complemento necesario, al servicio de los varones y para que éstos puedan reproducirse y seguir subsistiendo. Por eso dicha Iglesia tiene sacerdotes pero no sacerdotisas, tiene párrocos y no párrocas, tiene obispos y cardenales (nunca se ha visto obispas ni cardenalas) y por supuesto tiene un Papa que tiene que ser varón, ya que las mujeres no parecen tener la calidad necesaria. Y la única “papisa” mujer que dicen que hubo (y se llamaba Juana) tuvo que disfrazarse de varón y llamarse “Juan”. Y al margen de que todo esto sea un invento, no deja de ser ilustrativo.

Esa Iglesia no tiene nada en común con su supuesto fundador que dicen que fue Jesús de Nazaret, varón él pero profundamente respetuoso y valorizador de las mujeres (y que por supuesto no fundó ningun “iglesia”). Eran mujeres sus principales discípulas, y fueron ellas las que lo acompañaban cuando fue condenado a muerte en cruz, y las que nunca dejaron de apoyarlo (los discípulos varones se escondieron para no arriesgar sus vidas, pero la Iglesia sólo a ellos los toma en cuenta).

Y así anda esa “Iglesia”, convencida de que el primer ser humano fundamental fue Adán, y que Eva nació de su costilla y para garantizar la pervivencia de la especie. Y es esa misma Iglesia la que ha “socorrido” a nuestra niña violada y embarazada a cambio de que no aborte, porque primero que nada están sus “mandamientos” y no los seres humanos con sus problemas, angustias y necesidades, y peor si son mujeres, ya que éstas vienen a ser seres humanos de segunda categoría y cuya vocación es someterse a los varones y a sus caprichos.

Claro que a las mujeres, que por esencia son más “humanas” que nosotros, no les hace ninguna falta ser sacerdotisas, ni obispas, ni cardenalas, ni papisas. Ellas se realizan trabajando, y cuidando a la Madre Tierra, y pariendo y amamantando hijos e hijas, y encima atendiéndonos a los varones que venimos a ser un mal necesario.

¿Hasta cuándo? ¿No hay suficientes voces en esa Iglesia supuestamente universal que puedan exigir y lograr un cambio de mentalidad? ¿No podrá darse una suerte de “revolución” femenina que transforme radicalmente esa institución a la que se sigue llamando “santa madre”?

El ahora trágico destino de esa “niña” es corresponsabilidad de todos (y todas). ¿No lo creen ustedes así, amables lectoras y lectores?

 

Rafael  Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

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