Rafael Puente

Presidente del Estado, ¿el peor discípulo de Evo?

viernes, 10 de diciembre de 2021 · 05:11

El mundo entero está padeciendo una grave crisis económica (en parte por la pandemia del covid, en parte por un incremento de población que nuestro planeta ya no puede soportar), en parte por el papel que juegan los magnates mundiales de la política y la economía (como don Bill Gates). Y es evidente que, desde nuestro pequeño e ignorado país, no podemos resolver ningún problema mundial, pero al menos debiéramos intentar alejarnos, modesta y discretamente, de esa crisis general. Pero en los hechos parece que inconsciente y alegremente nos sumamos a ella.

Para empezar no tomamos nota de la situación. Nuestro Viceministro de Prespuesto llegó a afirmar que en Bolivia no hay empresas estatales deficitarias, pero ahora que no tiene ese cargo aparece como profesional economista afirmando que las empresas públicas sí son deficitarias. Y es que ahora ya no tiene que ser dócil a lo que afirman el Gobierno del Estado y el expresidente Evo Morales.

Por su parte Evo, que como presidente tuvo un primer período en que se rebajó el sueldo y se dedicó a crear y apoyar empresas productivas, superando de lejos a todas las gestiones gubernamentales anteriores a la suya, después de su primer gobierno (y demostrando la veracidad del principio de que “el poder crea daño cerebral”) ha reconocido públicamente que su segunda reelección le costó al Estado 397 millones de bolivianos entre referéndum, elecciones primarias y comicios generales de 2019 (sin entrar al tema de si en éstas hubo o no hubo fraude). El hecho es que ahora se nos anuncia que todas las alcaldías de capitales (menos la de Santa Cruz) tendrán déficit, y que el año 2022 el presupuesto de las gobernaciones disminuirá en un 28%.

O sea que, para enriquecimientos ilegales, sí tenemos recursos suficientes (ahí están los 800 ítems fantasmas que se encuentran en proceso de investigación en Santa Cruz), pero para el funcionamiento legal y formal del país ya no los tenemos. ¿De dónde se saca nuestro actual Presidente que nuestro superávit comercial será de más de un millón y medio de dólares? Y si el dato es cierto, ¿dónde irá a parar ese dinero?

En el proyecto de Presupuesto General del Estado se incrementa en casi 120 millones de bolivianos el gasto (a través del Ministerio de la Presidencia) en “Políticas de Coordinación Comunicacional” (62% más que el año 2020), todo para hacer lucir al gobierno. Hay quien afirma que el actual Presidente lo que sí aprendió de Evo es la táctica de invertir millones en mejorar su imagen. ¿Será también parte de esa imagen el incremento de más del 100% en el uso del avión presidencial? Parece que sí, de lo contrario, no se explica la inversión innecesaria en lo que llaman “aeropuerto presidencial”.

Todos lo dicho nos explica la extraña posición de nuestro Gobierno cuando se niega a censurar al gobierno de Nicaragua (a cargo de un antiguo y valiente guerrillero a quien el poder ha degenerado hasta convertirlo en un vil dictador que lo único que sabe es reprimir). Sólo Bolivia y Argentina se abstuvieron (en la OEA) de votar contra Nicaragua, mientras 25 países miembros sí lo hicieron, exigiendo para dicho país elecciones libres y la liberación de políticos opositores (que por serlo están presos). El propio Evo se ha mostrado solidario con Ortega (¿será que piensa en asumir esa línea de conducta cuando vuelva a la Presidencia?), y por su parte Ortega considera que la solución de sus prolemas sería salirse de la OEA. ¿También considera Evo que esa es la línea a seguir? Y nuestro presidente Arce, ¿no tiene nada que decir al respecto y se limita a reiterar el apoyo a Ortega?

Si en temas tan elementales nuestro actual Gobierno no se orienta, ¿podemos esperar que se oriente en el problema de la crisis mundial, de los costos del covid y de las necesidades reales del país (la más grave la falta de puestos de trabajo y la disminución de todo lo que es producción)?

¿No sería mejor entregarle el gobierno del país a la Mamita de Cotoca?

 

Rafael  Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (Cueca) de Cochabamba

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