Rafael  Puente

Educación y pandemia

viernes, 5 de febrero de 2021 · 05:12

Hasta la Reforma Educativa de 1955 la calidad del sistema educativo en Bolivia no tenía nada que envidiar a la de otros países. Era un sistema clásico y tradicional pero eficiente, y quienes lo vivimos podíamos seguir nuestros estudios en otros países sin sentirnos en desventaja. Pero claro, era al mismo tiempo un sistema educativo del que sólo se beneficiaba una escasa minoría de la población (en Cochabamba teníamos sólo tres colegios secundarios fiscales y otros tres particulares). Y de la mayor parte de nuestros educadores conservamos el mejor de los recuerdos. De hecho, no sólo nos enseñaban determinados temas y materias, sino que nos enseñaban a pensar.

Pero claro, era un sistema educativo que sólo beneficiaba a una pequeña minoría de población (urbana, y por tanto totalmente minoritaria), lo que ameritaba una urgente reforma para llegar a todos los sectores sociales y convertir a la educación en un derecho universal. Basada en la experiencia de Warisata (de ahí el sistema de “núcleo”), fue la única de las grandes reformas de la Revolución del 52 en que no se metió el poder imperial. 

La mayor flaqueza de la Reforma Educativa fue que se estableció un sistema educativo universal, obligatorio y gratuito, sí, pero con grandes debilidades; la principal fue que el proceso educativo se tenía que realizar en castellano (idioma de la minoría), y la segunda fue que para hacer posible ese proceso universal y gratuito se improvisó la formación masiva de maestros y maestras y la multiplicación de “normales” para su formación.

Como suele ocurrir, el crecimiento de la cantidad fue posible a costa de la pérdida de calidad y poco a poco la educación fiscal en Bolivia (que se fue extendiendo a todo el territorio) bajó dramáticamente de nivel. La mayor parte de nuestros maestros y maestras presentaban un nivel insuficiente de formación, lo que llevó a un descenso alarmante de la calidad de nuestra educación, acompañado por supuesto de una precariedad económica peligrosa.

El actual gobierno promulgó una interesante ley educativa (que lleva el nombre de Elizardo Pérez y Avelino Siñani, protagonistas fundamentales de la experiencia vivida en Warisata), ley que busca la sabia combinación de aprendizaje teórico y producción práctica, pero que chocó con la mentalidad limitada e insuficiente del magisterio (que hasta ahora no la ha sabido aprovechar).

Y justo ahí, en ese escenario educativo y a tan limitado, se nos viene la pandemia del Covid, para la que nadie estaba preparado. De hecho, el curso 2020 se perdió, pero para no perjudicar a niños, niñas y adolescentes, se les entregó la libreta escolar con el curso aprobado (lo que no deja de ser poco coherente, pero podemos considerar inevitable).

Y para este curso 2021 (con la llegada adicional de nuevas “cepas” de ese virus) se está haciendo múltiples intentos y experiencias de educación a distancia, de combinar la educación presencial con educación a distancia, cosa que en el área urbana es posible (aunque con muchas limitaciones de tipo técnico), pero en el área rural (que en su mayoría carece de servicios como Internet o similares) la situación es dramática.

Para colmo empiezan a aparecer casos (de momento muy pocos) de niños que aparecen con síntomas de Covid, lo que hace aparecer más riesgoso el aprendizaje presencial (que es el ideal, y en muchos lugares el único). Y para lo que podemos llamar el “auto-aprendizaje” la mayor parte de nuestras familias no están preparadas.

Sería importante que el Ministro de Educación (a pesar de lo que hasta ahora nos ha mostrado de mentalidad educativa tradicional y con muy poca imaginación) dedique la mayor parte de sus esfuerzos (y presione al conjunto del gobierno por un mejor presupuesto) empiece a desarrollar experiencias novedosas de auto-aprendizaje y de aprendizaje a distancia. No es nada fácil, pero es un esfuerzo imprescindible porque la pandemia tira para largo, y nuestros niños y niñas (y adolescentes) no pueden limitarse a ser víctimas de la actual situación mundial.

Estemos atentos a los inventos y propuestas que, sin duda, se van a generar en otros países (y posiblemente también en el nuestro) y vayamos buscando soluciones creativas. Amén.

Rafael  Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (Cueca) de Cochabamba
 

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