Rafael  Puente

¿Presidente del Estado o del MAS?

viernes, 2 de julio de 2021 · 05:11

En los últimos días hemos ido leyendo noticias que merecen comentario porque tienen que ver con la concepción de lo que es el Estado.

Resulta que el actual Presidente del Estado Plurinacional entrega 5 vehículos, 3 computadoras y 3 televisores a la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, donación equivalente a la que ya había hecho a la Federación de “Bartolinas”, a los “Ponchos Rojos”, a los Colonizadores (ahora llamados “Interculturales”) y a la Federación de Constructores, a la Federación de Mineros y a la Federación de Cooperativas Mineras; sin olvidar que en mayo pasado le entregó a la Federación de Mineros un edificio de 9 plantas (que por lo visto había costado 13 millones de bolivianos). Y casualmente resulta que todas las organizaciones mencionadas están dirigidas por militantes del MAS.

Llama la atención, en primer lugar, que todos estos gastos se hagan en momentos de crisis económica (nacional y mundial, gracias al famoso Covid), cuando en el mundo entero, y por supuesto en nuestro país, hay cada vez más población que no tiene trabajo y que está haciendo milagros para sobrevivir (y por supuesto esa masa no tiene nada que ver con las organizaciones que mencionábamos). Concretamente, en Bolivia se sabe que las reservas fiscales están muy disminuidas, y que nuestra estabilidad monetaria se debe a fuentes que lo menos que podemos llamar son “ilegales”.

Pero además está el componente partidario de la directiva de dichas organizaciones. Los “partidos” políticos parecen ser un mal inevitable de los sistemas democráticos (sólo Libia se dio el lujo de tener una democracia sin partidos, con participación directa de las diferentes organizaciones civiles, pero fue una experiencia que duró poco), y por tanto parece que también para nosotros son un mal inevitable.

Y en nuestro caso tenemos un Presidente elegido con el 55 por ciento de los votos, por tanto una mayoría “absoluta” e indiscutible. Pero, para empezar, el actual Presidente debe tener claro que muchos de esos votos no son por sus propios méritos y capacidades, sino por la sana convicción de que no nos interesaba un Presidente que ganara con mayoría relativa, y que entráramos en una segunda vuelta y nos condenáramos a una democracia de mayorías relativas, y por tanto inestable.

Pero al margen de todo eso, lo que no debería olvidar nuestro Presidente es que, una vez elegido, se debe a todos los bolivianos y bolivianas, y no sólo a los y las masistas. El Presidente pertenece a un partido, y por supuesto tiene que ser consecuente con la línea política de ese partido, y nadie se puede quejar de que la aplique. Pero no por eso deja de ser Presidente de todos los bolivianos y bolivianas, y tiene que gobernar para todos y todas, y preocuparse de los problemas que a todos aquejan. Nuestro gobierno es del MAS (así lo decidieron las últimas elecciones) pero no es para el MAS sino para el conjunto de la población. Y este principio se hace más imperativo cuando el Estado en su conjunto vive una crisis que incluye falta de puestos de trabajo y problemas de producción, de comercio y de transporte.

No se justifica gastar millones en favorecer a determinadas organizaciones políticamente afines al gobierno, no se puede perder de vista la gravedad de la pandemia que nos aflige (ahí está la carencia de hospitales y otros centros de salud, que lleva a que muchas personas enfermas se tengan que echar en el suelo de los hospitales, ya que no hay camas disponibles, e incluso en plena calle).

Compañero Presidente del Estado Plurinacional, nadie duda de su capacidad profesional (además es de profesión precisamente economista), pero no parece ser consciente de la gravedad de la crisis que vivimos, y de que tiene que preocuparse de toda la población (y responder a todas las demandas y necesidades de toda la ciudadanía). Y por supuesto no le corresponde apoyar, ni directa ni indirectamente, una futura candidatura de Evo Morales, y menos cuando faltan más de cuatro años para esas elecciones.

Esos son los dos horizontes que Ud. no puede olvidar: disminuir los gastos estatales en tiempos de crisis, y gobernar para todos y todas los bolivianos, al margen de por quién votó cada uno y cada una… Esa es la verdadera “demo-cracia”.

¿No lo cree Ud. así, compañero Presidente?

Rafael  Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba. 

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