Rafael Puente

Machismo, racismo y sectarismo partidario acaban con Jeanine Añez

viernes, 27 de agosto de 2021 · 05:11

Cuesta entender que, habiendo tantos problemas en el Estado boliviano, y en la sociedad civil, las entidades gubernamentales gasten energías, tiempo y dinero en acorralar, acosar y probablmente matar a Jeanine Áñez. Y conste que mi valoración de la capacidad política de dicha señora es mínima. Sorprendida ella misma por las renuncias de los y las dirigentes masistas que dejaban vacante la presidencia provisional del Estado, acude con toda ingenuidad a ocupar el inesperado cargo (ingenuidad que se expresó sobre todo en su anuncio de candidatear en las elecciones generales que su gobierno tenía que convocar) y ahora se encuentra prisionera, acusada de golpista y a punto de morir (primero en el penal de Miraflores y ahora en el hospital).

Ya he mencionado mi baja valoración de su capacidad política (ahí está como argumento la designación de su gabinete); pero esa característica ha marcado también a muchos otros gobernantes que por desgracia hemos tenido, sin que por eso hayan sido objeto de semejante cadena de humillaciones y maltratos. En cambio a ella se la hace aparecer como delincuente, como enemiga del país y de la sociedad, y el esmero en castigarla haría pensar que Bolivia no tiene otros problemas que resolver y que todas nuestras energías deben concentrarse en destruirla.

En el fondo está operando el peor de los machismos —¿cómo una mujer se atreve a asumir ese cargo pensado para varones?—, sumado al peor de los racismos —¿qué hace en ese cargo una desconocida beniana de Guayaramerín, que podía ser ciudadana brasileña?—, y sumados ambos al sectarismo partidario típico de los masistas.

Y lo más increíble es que se la acuse de golpista, acusación que los actuales gobernantes no dejan de esgrimir (con excepción de David Choquehuanca, a quien la militancia política nunca logró deshumanizar, razón por la cual se lo tiene en cuenta como dirigente imprescindible —no puede ser de otra manera— pero sin ir más allá de la vicepresidencia).

El verdadero “golpe”, ya lo hemos dicho varias veces, fue el que promovió el propio Evo cuando desconoció el resultado de un Referéndum que le impedía volver a ser candidato. Y cuando se generó la gran movilización exigiendo su renuncia, ésta se vio acompañada de las sucesivas renuncias de los y las masistas que podrían ocupar la presidencia de manera interina, y de pronto la Sra. Añez se encontró con que le tocaba asumir la Presidencia, y la asumió siguiendo las previsiones constitucionales. Y si alguien considera que el “golpe” fue esa movilización que exigía las renuncias, entonces el golpista número uno era Fernando Camacho, hoy gobernador de Santa Cruz, y parece que por tanto intocable. (Y conste que no podemos dejar de lamentar su silencio respecto de la infamia que se está cometiendo con Jeanine Áñez).

No, señor Presidente del Estado (y principal acusador de la Sra. Áñez), usted tiene la obligación de repensar qué es un golpe de estado, y tiene la obligación (todavía más importante) de defender los derechos constitucionales y legales de cualquier ciudadano o ciudadana, aunque no sea del MAS, aunque sea mujer,  y aunque sea nacida en la frontera brasileña.

¿No se da cuenta. Sr. Presidente Arce, de que está provocando un escándalo internacional y de que está dejando muy mal parado nuestro sistema democrático? Pues tendrá el resto de su vida el pesado cargo de conciencia de haber llevado a la muerte a la ex presidenta. ¿No le parece lamentable?

¿Y qué les parece a Uds.,  amables lectores?

Rafael  Puente es miembro del  Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

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