Cara o cruz

Existe el niño, poco, mucho, nada…

jueves, 19 de mayo de 2016 · 00:00
El periodista Carlos Valverde dio un batacazo el 3 de febrero pasado al exhibir un certificado de nacimiento de un hijo de Evo Morales y la hasta entonces cuasi desconocida Gabriela Zapata y, además, demostrar que ésta fue gerenta comercial de la empresa china CAMC, compañía que logró importantes contrataciones directas con el Estado, por cientos de millones de dólares. De la misma manera, Valverde dio otro remezón esta semana al asegurar que el hijo del Primer Mandatario nunca existió. No se entiende bien en qué basa su cambio de posición, excepto el hecho de que una jueza de familia "demostró” la inexistencia física del niño (lo que es por lo menos irregular sin haber podido, antes, someter a los involucrados a pruebas de ADN).

Al día siguiente fue otra afamada periodista, Amalia Pando, la que puso nuevamente las cosas en fojas cero: entrevistó a la tía de Gabriela, Pilar Guzmán, quien demostró que no era correcta la versión de Valverde de que un nieto suyo había sido exhibido ante la mencionada jueza y, más importante, al abogado y rector de la UMSA Waldo Albarracín, que confirmó que, en 2009 o 2010, Zapata se acercó para pedirle ayuda legal en el caso de un hijo que tenía con el presidente Morales.
 
Este dato es crucial para demostrar que, por lo menos hasta 2009 y 2010, sí existía un niño hijo del Presidente. Nadie puede tragarse el cuento de que la "avezada madre”, que tenía poco más de 20 años, engañara al pobre incauto -en realidad un cincuentón poderoso- durante tres años si el hijo no hubiera existido. No nos vengan con historias.
 
Lo que sí es extraño es que el niño no haya asistido a un colegio y que nadie diga haberlo visto en años recientes. También es inusual que la madre no pueda asegurar dónde está ni tenga fotos de él, excepto las que se tomó a las pocas semanas de nacido. 
 
Me permito algunas hipótesis: o el niño fue dado en adopción, y tiene hoy otra familia y, por tanto, otros apellidos, o está en el exterior, para no mencionar la posibilidad trágica de que hubiera fallecido o que estuviera postrado debido a una enfermedad incapacitante. 
 
Pero que el niño haya existido o no es relevante porque nos muestra la fibra moral del Presidente: su desapego hacia la familia, su opción de poner su interés personal y político por delante de cualquier otro, su trato hacia la mujer, etcétera. También lo es porque nos recuerda que Morales reconoció a sus dos hijos mayores sólo después de largos procesos judiciales llevados adelante por las respectivas madres.
 
Pero el tema no es importante para analizar el supuesto tráfico de influencias. Zapata se enriqueció súbitamente, según mostró su ostentoso estilo de vida previo a su detención. A los 26 años, sin ser profesional, logró un puesto de alta responsabilidad, nada menos que el que se encarga de conseguir nuevos contratos gubernamentales para la empresa china CAMC. Y luego, estando ella en ese cargo, logró 344 millones de dólares para su compañía. El último, la de construir la planta de sales de potasio, fue obtenido después de que se demostró que la empresa había incumplido el contrato de construcción de la vía férrea Bulo Bulo-Montero. Todo esto, por lo menos, es raro. Pero no se aclarará ni eso ni cuál fue en el tema la participación del Presidente y su ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, mientras este Gobierno siga, puesto que controla la justicia y todas las instituciones que podrían echar luz al asunto. Habrá que esperar. Y parece que mucho.
 
Pero tanto incomoda al Gobierno el caso Morales-Zapata y tan incapaz es de controlar a los pocos medios independientes que quedan, y sus aliadas, las redes sociales, que ha empezado a tomar acciones ya definitivamente autoritarias: mandar a detener a una tía de Zapata y a sus tres abogados, acusados de algo estúpido, como tráfico de menores, es una grosera arbitrariedad que demuestra su ansiedad de que todo esto termine y de que nada ya lo detiene. 
 
Puede que en las próximas semanas y meses el caso languidezca, pero intuyo que no morirá, como no morirán, entre otros temas, las dudas sobre quién motivó realmente la tragedia de El Porvenir, quién ordenó ejecutar extrajudicialmente a tres extranjeros en el caso del Hotel Las Américas, quién ordenó entregar millones de dólares a las cuentas bancarias personales de dirigentes beneficiados por el Fondo Indígena, quiénes se benefician con el manejo alegre del programa Evo Cumple y por qué la exministra Nemesia Achacollo sigue gozando de protección gubernamental... 

Raúl Peñaranda U. es periodista. Twitter: RaulPenaranda1

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