Cara o cruz

Tren bioceánico, el próximo elefante blanco

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jueves, 25 de enero de 2018 · 00:06

Ya hay una fábrica de azúcar sin caña disponible, una planta de úrea sin producción adecuada, un proyecto de litio inviable, una planta separadora de líquidos sin gas natural suficiente, además de decenas de estadios sin espectadores, aeropuertos sin pasajeros y satélites sin uso. El malgasto multimillonario incurrido por el Estado en la última década hipotecará nuestro futuro. Si a ello se le suman lujosos mamotretos, perdón, lujosos palacios, tenemos un verdadero trastorno de las prioridades nacionales.


En este escenario, el Presidente Evo Morales desea incurrir en la obra más cara de todas, el tren bioceánico, de un costo estimado de 10.000 millones de dólares. O sea, hasta los 1.000 millones de dólares malgastados en la planta de úrea parecen una bicoca. Morales ha hecho de construir ese proyecto uno de sus más importantes retos.


El tren bioceánico tiene por objetivo “acercar” Brasil a China. Lo que busca es que la soya y otros productos brasileños puedan llegar al mercado chino más rápida y económicamente. Actualmente esos productos parten de sus puertos en el Atlántico y viajan en barco hasta China a través del canal de Panamá. La idea del ferrocarril es que, en vez de hacer el rodeo por el Canal, atraviesen Bolivia hasta el puerto de Ilo y, de allí, seguir hacia China por mar.


 Según el cálculo del Gobierno, el trayecto actual a través del canal dura 67 días, que podrían bajar a 58 si es que se atravesara territorio boliviano. Ese tren, además, ya está construido desde el puerto de Santos, en Brasil, hasta Santa Cruz, y actualmente se construye, con dificultades, el tramo Montero-Bulo Bulo. Luego habría que unir esa localidad con el sur peruano.


 El problema del cálculo del Gobierno es que los exportadores no siempre privilegian el tiempo de transporte, sino el hacerlo por mar durante la mayor parte posible del recorrido. Se estima que actualmente el transporte de una tonelada entre Brasil y China tiene un costo de 120 dólares, que aumentaría a 166 dólares si se hiciera el recorrido a través de Bolivia, según un reporte del diario ABC de Madrid, porque el costo por ferrocarril es más caro que por barco.


 Así que esta obra, lamentablemente, es inviable. Ojalá algún asesor del Presidente pudiera hablarle con la verdad antes de seguir timándolo para embarcarlo en la construcción de un enésimo elefante blanco. Si es que fuera un negocio, simplemente habría interés de conglomerados privados en invertir esos 10.000 millones de dólares. No lo han hecho hasta ahora. Los gobiernos de Alemania, Suiza, China y otros han mostrado interés porque están deseosos de prestarle dinero a Bolivia. Pero no han prometido inversiones.


 La demostración de que el ferrocarril es inviable lo demuestra el hecho de que actualmente existe un corredor carretero, ya completado, entre los puertos de Brasil y los de Perú y Chile. La carretera atraviesa Bolivia en un trayecto similar al que lo haría el ferrocarril. En enero de 2013, cuando el Gobierno inauguró la carretera (ese año se completaron los últimos tramos), aseguró que el camino aumentaría el comercio entre Brasil y los puertos del Pacífico. Ello no ha sucedido porque el precio de transporte sigue siendo más barato a través del Canal de Panamá. Un tren no cambiará esa situación.

Lo mismo sucedió en Perú: por la recientemente construida carretera entre Brasil y ese país circula sólo el 1% de su comercio bilateral.


 Hay un último problema con este proyecto: lo que exporta Brasil a China implica grandes volúmenes (productos minerales y agrícolas), mientras que lo que importa tiene un volumen menor (smartphones, etcétera). Por eso, los vagones irían llenos en un sentido y volverían vacíos en el otro. Y eso termina por obstaculizar la obra.


 El propio presidente peruano, Pedro Pablo Kuczynski, en un viaje a China, en 2016, mostró sus dudas sobre el ferrocarril (que luego minimizó al encontrarse con Evo Morales). “Es una idea que se promovió el año pasado para transportar la soya del Mato Grosso a China más rápidamente, pero yo tengo algunas preguntas sobre este tren que he expresado en este viaje. Lo primero, su costo, que es altísimo, y en segundo lugar si hay carga de regreso (de Perú a Brasil), porque cualquier sistema de transporte debe tener cargas en los dos sentidos”, explicó Kuczynski a periodistas en China.


En esa ocasión, la agencia de noticias EFE informó que Kuczynski “ha transmitido a los líderes chinos sus reservas sobre el proyecto, tanto por el costo como por su viabilidad”.


Si Evo Morales no escucha a este humilde columnista, tal vez podría escuchar a su colega peruano. Y así le ahorra a Bolivia la friolera de 10.000 millones de dólares.

Raúl Peñaranda U. es periodista.  Twitter: RaulPenaranda1

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