Las solitarias enchiladas del expresidente

domingo, 01 de diciembre de 2019 · 00:09

No le interesan los hermosos museos, las impresionantes ruinas, las famosas librerías. Da vueltas por su enorme habitación como si estuviera enjaulado. Camina hasta un extremo de la misma, toca la pared con la punta de los dedos y se da media vuelta, en sentido contrario, hasta la otra pared. Y luego se sienta en el sillón frente al televisor y pasa de canal en canal, hasta llegar al número 200, y volver a empezar.

Las enchiladas y los tacos están buenos, sí, pero en México no hay tambaquí, su pescado favorito, ni dirigentes cocaleros con quienes farrear ocultadito con etiqueta azul, ni partidos de fútbol ni inauguraciones con guirnaldas y quinceañeras ni ministros a quienes denigrar ni siestas en el avión. 

Sus guardias de México no tienen autorización para jugar fútbol con él, que sería lo único que le subiría el ánimo. Piensa que el inútil de García Linera no sabe ni patear una pelota y que está feliz paseando con su esposa e hija. Y Gabriela Montaño salió, llevó sus papeles, le ofrecieron un trabajo en una institución del Gobierno.

Los primeros días fueron excelentes porque lo recibieron como jefe de Estado y le llovían las entrevistas, todas positivas. La Ciudad de México lo declaró Huésped Ilustre en una ceremonia muy emotiva. Las cosas empezaron a cambiar desde que ese periodista uruguayo neoliberal le dijo que era mentiroso. ¿Cómo se le ocurre hablar así? La Gabriela sabe que es un derechista e imperialista y que recibía las preguntas por WhatsApp. Un insolente que no respeta al mejor presidente de la historia.

Cada vez hay menos solicitudes de entrevistas y escuchó a alguien decir, entre susurros, que en unos meses ya nadie lo buscará. Peor con las dos metidas de pata del otro día, cuando dijo que cantaba en el colegio el Lamento boliviano. ¿Cómo iba a saber que era una canción de los Enanitos Verdes de 1994? ¿Y qué son los Enanitos Verdes? ¿Y por qué carajos le pusieron el video de la represión en México como si fuera de Bolivia? Peor, los vendepatrias tomaron la UNAM e interrumpieron su discurso.  

Llama al mozo que lo atiende y pide tambaquí apanado. El mozo se incomoda, pasa su dedo índice entre su cuello y la ajustada camisa, y respira hondo. Presidente, como ya le dije, no hay tambaquí, ese pescado no lo conocemos en México, pero le podemos preparar un mero a la veracruzana. 

Gira lentamente el control remoto en el aire y sin mirar al garzón dice que entonces no comerá hasta la noche, y que saque de su habitación la charola con el desayuno, que apenas probó. ¿No le gustaron las enchiladas, Presidente? La respuesta es un silencio incómodo y otra vez pasa de canal en canal. ¿Cuáles eran los canales de fútbol? No los encuentra.

Las dudas dan vueltas en su cabeza. ¿Por qué falló el plan?, ¿no hubiera sido mejor quedarse en el Chapare?, ¿al final fue una trampa que México le ofreciera asilo? La idea parecía buena, generar tal conmoción en el país, provocar enfrentamientos entre bolivianos hasta que le pidieran que retornara, como un pacificador. 

¿Acaso no volvió así Chávez al poder? Quizás no debió expresar a los medios que quería retornar a Bolivia, el plan resultó muy obvio. Y luego todos los miembros de su bancada lo traicionaron aprobando la Ley de convocatoria a elecciones que le prohíbe participar a él, ¡el más grande líder de Bolivia! ¡Gobernó más tiempo que Paz Estenssoro!

Después, los movimientos sociales se dieron la vuelta también, desbloquearon el país en pocos días y ahora se están peleando todos por ser candidatos al Legislativo y a alcaldías. ¡Traidores!

Toma su teléfono con desconfianza. El Ministerio de Gobierno dio a conocer la llamada suya en la que ordenaba que se dejara sin alimento a las ciudades. ¿Cómo pueden ser tan imbéciles de haber grabado la conversación? Pero decide llamar de todos modos, ya le dieron el número de Eva Copa. No contesta. Trata con Andrónico. Nada. ¿Tal vez Juana Quispe? ¿Evaliz? Nadie contesta sus llamadas. Y Álvaro le dijo que iría a una exposición de fotografías. ¿A quién carajos le puede interesar una exposición de fotografías? En la cama hay una revista de turismo que hojeó varias veces, aunque sin prestarle mucha atención.

Se acerca a la ventana y el alto muro le impide ver la calle, aunque logra entrever los árboles en la plaza cercana. Hay lejanos sonidos de bocinazos. Escucha la voz de una mujer que ofrece sandía con ají a los peatones. Y él, encerrado. Piensa que estaba mejor en el anterior recinto militar. Había gimnasio, por lo menos. Se entretiene unos segundos viendo a un gato que se desliza por el muro. Las dudas lo mortifican. ¿Por qué lo traicionó el general Kaliman? ¿Por qué nadie le dijo que no podía ganar una elección si no se hacía fraude? ¿Por qué no le dijeron que la Policía podía amotinarse? ¿Por qué no aceptó el resultado del 21F? Podía haber salido por la puerta grande.

Más tarde el mozo ha tocado la puerta varias veces, pero él no ha escuchado nada. Está echado en el sillón y el control remoto ha caído a la alfombra. El televisor muestra un partido en Fox Sports. Perdón, Presidente, no sabía que estaba durmiendo. La cocinera le envía esta agua de mamey, va a ver lo sabrosa y refrescante que es. ¿Uhm? Agua de mamey, Presidente, es muy rica, está fría, para el calor. Ah, sí, claro, el calor. Déjela en la mesa. ¿Necesita algo más, Presidente? Sí, jefazo, si le pudiera decir a la cocinera que me prepare un tambaquí apanado, se lo agradecería. El mozo lo mira con piedad.

 

Raúl Peñaranda U. es periodista.

 

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