Raúl Peñaranda U.

Mensaje desde el futuro

viernes, 24 de abril de 2020 · 00:09

Estimado Raúl de 2020: ¡Cómo vuela el tiempo! Ya pasaron 12 meses desde que terminó la cuarentena en Bolivia. Pero nada ha sido igual desde entonces. 

Todo está peor. La mitad de las tiendas y cafés de San Miguel siguen cerrados. Los cafés que están abiertos han tenido que separar, y agrandar, sus mesas. Mucha gente todavía teme contagiarse. Es que el virus sigue presente.

 La vacuna no llega todavía. Los laboratorios internacionales creen que estará disponible en breve, pero eso vienen diciendo hace no sé cuánto tiempo. 

Muchas personas siguen saliendo con guantes y barbijos a la calle. En algunos supermercados todavía te desinfectan al ingresar. No puedes ir a ninguna parte sin que te tomen la temperatura. Si alguien estornuda en un minibús, está frito. Yo ya me habitué al cambio de zapatos al salir y entrar a la casa, usar la mezcla de cloro y agua para desinfectar las perillas de las puertas, tener a mano el alcohol en gel para pasarle al volante de mi auto, dejar los billetes al sol por un par de horas, desinfectar cada maldito tomate y cada maldita mandarina. Era agotador al principio, pero uno se acostumbra.

Todos llegan a sus casas a lavarse las manos de manera angustiosa. Bueno, todos es un decir. Mucha gente ya se cansó de tanto temor, pero ello ha hecho que nuevamente se produzcan brotes en varias partes del país. Para no hablar de Europa y Asia, donde otra vez hay muertes por el coronavirus.

Los cines siguen vacíos, pese a que se han anulado asientos. Es chistoso, solo hay asientos dobles (puedes ir con tu pareja o amigo), pero luego hay dos metros de espacio libre, hasta el siguiente par de asientos. Lo mismo en el fútbol. Ya iba poca gente a los estadios, ahora no te imaginas.Muchas empresas no lograron subsistir. 

La mitad de las empresas vigentes hasta 2020 no están ya abiertas, incluidos algunos periódicos y radios. La pobreza es peor que en los años de la hiperinflación. Las calles están llenas de mendigos. 

En los semáforos, los que venden dulces o quieren lavar los vidrios, casi te asaltan. Nadie abre sus ventanas.

Los precios del petróleo siguen bajos y por eso también los del gas que vendemos a Brasil y Argentina. Además, con Argentina y Brasil en crisis, sin industrias, no quieren comprarlo. 

Lo bueno es que es baratísimo viajar, pero muy poca gente lo hace. Me ofrecieron un viaje a Italia, por dos semanas, en 800 dólares, todo incluido, incluso los pasajes, pero Fátima y yo no aceptamos. Se ha descubierto que el coronavirus mutó y parece que vive más tiempo en superficies sólidas. 

Sabemos que los hoteles fueron desinfectados, pero igual da miedo.Nueva York es una lágrima. Prohíben aglomeraciones, los bares no permiten clientes en la barra, todo es a distancia.

 Muchas personas prefieren que se les lleve la comida a sus viviendas. Amazon ahora te manda virtualmente todo a la casa. Pizzas, hamburguesas, verduras frescas, tornillos, paneles solares, todo. Hay una tendencia al aislacionismo muy grave. Hace poco, en Los Ángeles, un pobre hombre quiso saludar a alguien que creyó que era su amigo, y le dieron un tiro. Es que abrazar es algo ya casi prohibido. En la Navidad de 2020 era chistoso. ¡Nadie se abrazaba! Ha aumentado el racismo, también. En muchos países se ve a los asiáticos con mucha desconfianza.Las grandes empresas que sobrevivieron han empezado una etapa de producción desmedida. Y con la crisis, muchos países, incluido Bolivia, han flexibilizado sus leyes de defensa del medio ambiente. Lo poco que quedaba del Acuerdo de París ha sido anulado. Por eso empezará el próximo mes la perforación en el parque Madidi (se encontró petróleo, finalmente). Antes del coronavirus eso hubiera sido imposible. Hoy hubo mucho apoyo y poca resistencia.Y con la pobreza que hay, existe enorme egoísmo. Cada uno vive cómo puede. El gobierno tuvo que despedir a miles de funcionarios. Es que el déficit fiscal ha subido al 15%, con el precio gas tan bajo y con tan pocos impuestos por cobrar debido a la quiebra de empresas. ¡18%! Es algo inédito. Estoy agotado. Todos estamos agotados.

Raúl Peñaranda U. es periodista

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