La escaramuza

Paro cívico y movimiento ciudadano

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martes, 11 de diciembre de 2018 · 00:12

El paro cívico que inmovilizó el país  parece haber sentado las bases de lo que probablemente suceda en los meses venideros, particularmente porque instaló en la sociedad boliviana la marca de la violencia, ya sea ésta desde el Estado o desde la sociedad civil. Todo parece indicar que el curso de los acontecimientos en torno a la ilegal repostulación del binomio oficialista transcurrirá en medio de tensos enfrentamientos, cuyo final resulta impredecible.

Esto no debería extrañarnos pues si hay algo que caracteriza la forma de hacer política de los regímenes populistas, es la tenaz manera de dividir y enfrentar a sus ciudadanos. La construcción del “enemigo” y la necesidad de combatirlo  es desde hace mucho la manera “natural” en que los regímenes populistas mantienen el control de las sociedades bajo su yugo. 

En el caso boliviano, el “enemigo” a más de ser tipificado como el “neoliberal”, se le ha transferido un componente de raza. García Linera calificó estas características con el adjetivo de “blanquitud”. Resultaba entonces que los neoliberales eran además blancos y el poder entero estaba teñido de ese color racial. 

Este es solamente el aspecto principal de una estrategia de poder que se basó en la acentuación sistemática de las diferencias. El régimen masista se estructura enfrentado las razas, las regiones, las clases y todo lo que en el mediano, y largo plazo supusiera la autodestrucción de los segmentos y sectores sociales que no estuvieran definidos por su color de piel, por su raza.

13 años de arduo trabajo, con el único fin de imponer una visión de raza en una sociedad tan diversa como la nuestra, no parecen haber dado los resultados previstos. Mientras las teorías y estratagemas políticos e ideológicos se elaboraban trabajosamente en los proyectos de investigación en la Vicepresidencia y otras dependencias, el éxito económico producía sus propios resultados: fortalecía el desarrollo de una burguesía chola y un mestizaje mucho más diverso, moderno y global, que a las claras no participaba de los teoremas de raza, fruto preferido de nuestro Vicepresidente.

Entre bambalinas y bajo la sombra del éxito económico, una nueva sociedad civil, mucho más versátil, moderna y étnicamente diversa, afloraba a despecho del “pachamamismo” oficialista. Una clase media y un mestizaje inmerso en los grandes flujos de comercio formal e informal. 

Nuevas generaciones, para las que el discurso de raza está lejos de sus aspiraciones inmediatas, son las que hoy se expresan como movimientos ciudadanos, plataformas y grupos de presión, cuya acción está orientada a recuperar los parámetros democráticos, porque son en éstos y no otros donde se forjaron como una nueva sociedad civil;  y aunque nunca conocieron una democracia de verdad, saben que sólo en ella su futuro tiene sentido, y, de alguna manera, está asegurado.

Son estos sectores los que se expresan en las calles demandando la vigencia de una democracia y denunciado el abuso de un prorroguismo de claros atributos dictatoriales, y son éstos los que, en definitiva, recuperarán el sentido de la democracia por la que lucharon sus padres.

 

Renzo Abruzzese es sociólogo

Confidencial

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