La escaramuza

¿De qué hablamos cuando del posevismo hablamos?

Por 
martes, 19 de junio de 2018 · 00:07

Hace apenas un par de años era bastante difícil imaginar un país en el que no despertáramos con un nuevo escándalo de corrupción, algún exabrupto del Vicepresidente, la presencia infaltable del Presidente inaugurando cualquier cosa, o algunos de sus acólitos denostando a algún opositor, y declarando, por lo general, que “por primera vez en la historia” algo maravilloso coronaba los éxitos del régimen. Obviamente, si algo salía mal era culpa de cualquiera, menos de ellos. Parece, sin embargo, que esa gimnástica rutina está llegando a su fin.

 Aunque seguimos despertándonos con algún escándalo de corrupción y nos sigue enfureciendo la dispendiosa manera en que el régimen administra el país, por alguna razón sentimos que las cosas han cambiado; hemos empezado a caracterizar los acontecimientos venideros recurriendo a un término que da cuenta de la naturaleza del futuro inmediato, hablamos de lo que podría suceder en el periodo denominado posevismo.

 El término designa un momento de la historia futura en que tendremos que reconstruir todos los parámetros de la sociabilidad, la política, el derecho, la economía y la cultura de la nación; es, en consecuencia, mucho más que la salida de un régimen y el advenimiento de otro; es el momento de poner las cosas en el lugar en que lo dicta la realidad de un mundo global, de una cultura diversa y de una sociedad libre.

 Los sociólogos dicen que lo que conocemos como “instituciones sociales” son en realidad un conjunto de preceptos y normas voluntariamente aceptadas por los ciudadanos con el fin de precautelar la convivencia humana, la sostenibilidad de la sociedad y la reproducción de su cultura; pues bien, lo que designamos como posevismo es el esfuerzo que tendremos que hacer para recomponer la institucionalidad en el país; es decir, para reconstruir la debacle que nos dejan 13 años de desgobierno, y volver a sentirnos bolivianos, más allá de las artificiosas diferencias que el evismo se ha encargado de instalar en el subconsciente colectivo.

 Hasta hace poco nos parecía “natural” que el caudillo entregara cualquier cosa casi cotidiamente y hasta valorábamos el esfuerzo. La realidad se encargó de mostrarnos que todo aquello sólo encubría  acciones gubernamentales fraudulentas. Las portentosas obras de un Evo que cumple se desmoronaban de a poco, incluso antes de ser utilizadas. Más tarde que temprano, la ciudadanía comprendió que todo era un show al mejor estilo cubano; una farsa mediáticamente maquillada. 

 Esta capacidad de apreciar las cosas como son, de poder construir un juicio de valor sobre las acciones del poder instituido, sin temor a ser defenestrado, supone un esfuerzo por reconstituir una subjetividad social que el régimen se encargó cuidadosamente de minar o, en su defecto, de suprimir con los más variados e imaginativos recursos.

Cuando el MAS llegó al poder   hacíamos parte de un país que, con todos sus defectos, había logrado construir una heroica historia marcada por la vocación democrática del pueblo; éramos parte de nuestros aciertos y nuestros errores. El evismo se encargó de desfigurar la historia, al punto que parecía un delito identificarse con la clase media o con el mestizaje.

De pronto empezamos a sentir que éramos extranjeros en nuestra propia tierra. Los viejos argumentos de un “odio de razas” afloraron como el producto estrella del régimen; la democracia masista era una democracia de raza en el concierto de un mundo global, en que esos viejos y anticuados preceptos habían quedado en el basurero de la historia. Pues bien, el posevismo consiste en restituir la conciencia nacional más allá de las razas y más cerca de una modernidad centrada en el bienestar colectivo, y el ejercicio pleno de la libertad y el imperio de la ley.

Mencionar esto  tiene el propósito de presentarle al lector los desafíos que suponen el futuro inmediato de la nación y la naturaleza de los esfuerzos que se tendrán que desplegar. Felizmente, no es la primera vez que tendremos que asumir este tipo de retos. Cuando los militares fueron echados del poder, después de 18 años de dictadura, fuimos capaces de instaurar una democracia que fue infinitamente superior a la farsa que vivimos en la actualidad. Los poderosos generales que se creían invencibles y que juraban que su labor sería imperecedera, vieron desmoronarse sus fallidos ensueños en menos de lo que canta un gallo. Ese es el precio que se paga cuando se quiere doblar la historia por el vértice equivocado.

 

Renzo Abruzzese es sociólogo.

Permítanos un minuto de su tiempo.

Para desarrollar el periodismo serio e independiente, esencial en democracia, que usted aprecia en Página Siete, contamos con un equipo de reporteros, editores, fotógrafos, administrativos y comerciales de primer nivel.

Los ingresos con que Página Siete opera son producto de nuestro trabajo; no contamos con prebendas de ninguna naturaleza.

Si usted desea apoyar el esfuerzo que realizamos, suscríbase a P7 VIP, para recibir de lunes a viernes una carta informativa por correo electrónico, que contendrá un resumen de las noticias y opiniones más interesantes de Página Siete, a un costo de sólo Bs 15 al mes.

Para suscribirse haga clic aquí o llame al número 2611749, en horas de oficina.

195
4

Otras Noticias