La escaramuza

El MAS frente a “Bolivia dijo No”

martes, 24 de julio de 2018 · 00:11

En las últimas semanas el MAS ha empezado a organizarse a fin de combatir, por todos los medios, las acciones de plataformas y colectivos que han hecho del “Bolivia dijo No” la consigna ciudadana a efecto de defender el voto ciudadano del 21F.

  La airada reacción de sus jerarcas y acólitos recurrió a la desgastada retórica antiimperialista, intervencionista, neoliberal, etcétera, con resultados francamente promisorios: a mayor esfuerzo por desvirtuar o desprestigiar el movimiento ciudadano, mayor y más consistente la respuesta de la sociedad civil. En el fondo se trata de una querella centrada en las profundas contradicciones entre la sociedad civil y la sociedad política; entre la ciudadanía democrática y un Estado técnicamente totalitario.

 Por primera vez, el MAS y su caudillo enfrentan fuerzas políticas que no engranan en las concepciones clásicas que suelen utilizar los viejos marxista para descifrar la realidad que los rodea. En la dinámica de las confrontaciones, todos los ciudadanos, independientemente de su filiación partidaria o ideológica, se han dado cita para rechazar las pretensiones prorroguistas del caudillo, de manera que jugar con calificativos, como derecha-izquierda, pobre-rico-indígenas-kara, revolucionario-neoliberal, o lo que fuese,   suena más a un absurdo que a un argumento razonable.

 Lo único evidente es que quienes defendemos la voluntad popular nos situamos ahora en la vanguardia de las luchas sociales propias de la modernidad, y los que toman partido en contra se sitúan en las malolientes huestes de un ancien régime. El MAS ha pasado al bando de los conservadores y las nuevas generaciones encarnan las visiones progresistas de una sociedad moderna. 

 Su absoluta vocación totalitaria se percibe como un acto reaccionario, cuyo único fin es retroceder en el tiempo, a los oscuros días de las dictaduras que, ingenuamente, se habían dado por definitivamente extirpadas de la historia nacional. El MAS no encarna ya una superación, sino un retroceso. Su vocación dictatorial se muestra, a propósito del 21F, de cuerpo entero y todo el discurso masista en contra del movimiento social en torno al Bolivia dijo No cae  en saco roto. 

 Anclados en una interpretación encapsulada en la vieja jerga de la izquierda internacional, les resulta imposible comprender que las plataformas son la expresión de nuevas lecturas de la política y de sus actores. Lectura en que la tipificación del “enemigo” no pasa ni por el infantilismo de izquierda, cegado por la dicotomía izquierda-derecha, ni por las alucinantes narrativas racistas, tan propias del régimen.

 El pueblo que ha tomado las calles no cree ya en los discursos ideológicos, tampoco cree en los partidos y menos en los inexistentes liderazgos políticos; lo mueve un sentido de libertad, que al ser la expresión final del capitalismo occidental victoriosio es, de principio a fin, el sino de nuestros tiempos. Se trata de generaciones que al haberse formado en democracia no están dispuestas a renunciar a ella en manos de un caudillo “pachamamista” y menos de un intelectual enchapado a la antigua.

 Esta generación es, por esta vía, la mejor expresión de los tiempos modernos, a lo que habría que agregar que la modernidad es de lejos muchísimo más grande que sus limitadas percepciones.

 De alguna manera, al combatir las plataformas, el MAS se enfrenta a la historia moderna de Bolivia. Su desprecio por la Revolución Nacional, su abierta reticencia por aceptar los logros de la modernidad, su vocación originaria contraria al curso de la historia universal, su chauvinismo provinciano y sus odios de raza lo enfrentan a generaciones que asimilaron el mundo que los rodea mucho más allá de las concepciones virginalmente comunitarias.

 La realidad de los jóvenes que salen a las calles es inmensamente mayor a la de los chamanes que descubren el sexo de las piedras o que pretenden hacernos creer que verán el futuro de la nación en hojas de coca. Esta capacidad de comprender el mundo es en el fondo una fuerza imbatible. Por ello, ni siguiendo el curso de criminales de la talla de Maduro u Ortega podrán vencer el  embate de las plataformas y colectivos nucleados en torno al 21F. 

 No podrán porque estas fuerzas se mueven más allá de las clases y las etnias, más allá de las ideologías y de las consignas; su dinámica está en el campo democrático, que es precisamente el espacio en que el MAS no aprendió a moverse.

 

Renzo Abruzzese es sociologo.

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