La escaramuza

Por sus actos os conocerás

Por 
martes, 18 de septiembre de 2018 · 00:11

La caída en la preferencia del voto pone al MAS y Evo Morales en una situación complicada. Por más de una década, el discurso masista se sustentó en la abrumadora mayoría electoral que había logrado en todas las consultas que llevó adelante. Esta hegemonía concluyó desastrosamente el 21 de febrero (21F) del 2016, con el referendo que derrotó sus aspiraciones prorroguistas.

En la interpretación oficialista se trataba “como señaló García Linera” de un terrible “error de cálculo”. En realidad, fue más que eso, el 21F fue el momento de inflexión en el que la sociedad civil le dio la espalda y al hacerlo estableció el punto de no retorno, que marcó todo el desarrollo de la vida política del MAS y las posibilidades de Evo Morales a futuro.

Desde la pérdida del referendo hasta ahora el derrotero del MAS fue enormemente errático. Ninguna de las estrategias destinadas a minimizar las derivaciones de ese evento tuvieron el efecto esperado, lo que derivó en una radicalización progresiva, que hasta el momento sólo resta o suma cero. Empero, la secuencia de equívocos no logró modificar una lectura oficialista equívoca y confusa, y, tras cada intento fallido, todas sus fuerzas ideológicas se empeñan en buscar elementos externos; cuando en realidad, los problemas del MAS están en sus entrañas, al interior de un proyecto político carcomido por la corrupción y los devaneos ideológicos de sus mejores ideólogos.

Frente a esto, la sensibilidad ciudadana percibe la perdida de hegemonía del partido de gobierno como la caducidad de su discurso. Ya nadie le cree nada. La respuesta consistió en cerrarse en torno a algunos grupos corporativos, marcados por un halo de dudosa reputación. Cercados por una suerte de credos inamovibles, muy parecidos a los principios escolásticos medievales, el MAS repite un discurso circular de manera que la lectura de la realidad parte de un axioma equivocado, para terminar exactamente en el mismo equivoco.

La secuencia se repite en bucles sucesivos y las respuestas que ofrece son exactamente las mismas, al punto de que podríamos adivinar qué explicación daría un masista frente a cualquier hecho de la realidad, y, aunque cambiaran de vocero, escucharíamos, sin la menor duda, lo mismo. Su discurso sigue la circularidad de un disco rayado.

Esta circularidad del discurso masista, caracterizada por los mismos términos, las mismas frases, las mismas diatribas, las mismas amenazas y hasta los mismos errores semánticos, devela el extravío discursivo del MAS, y el éxito espontáneo del movimiento ciudadano conocido como Bolivia dijo No.

Todos sabemos que el MAS no es un movimiento democrático, también sabemos que su pretendía “reserva moral” no fue más que un espejismo, a lo que se añade que su vocación étnica fue hace mucho desechada, y la protección de la madre tierra se transforma en un extractivismo depredador de corte neoliberal.

En la ecuación que define un discurso ideológico coherente, el MAS no tiene nada; es sólo una vocación de poder sin horizonte, más allá de la raza, porque, en última instancia, lo único que queda del MAS es su racismo etnocéntrico y su enorme capacidad de vendernos sueños.

Basados en esta cruda realidad podríamos sostener que, por un lado, las dificultades oficialistas por neutralizar la protesta ciudadana estriban en que el oficialismo ha terminado preso de sus propias mentiras, y, por otro lado, –lo más importante– lo que en realidad han puesto de manifiesto los movimientos ciudadanos es que la democracia se mide más por los actos que por los discursos.

Desde esta perspectiva lo que argumente el Gobierno cae en saco roto. Todo su discurso periclita ante la contundencia de un accionar totalitario, revestido de un lenguaje falsamente democrático; sin embargo, cuenta a favor nuestro que la historia universal de Occidente dejó claro que ante la voluntad de un pueblo no hay poder que no se rinda. No tiene sentido que la radicalización del masismo alcance contornos dictatoriales, su suerte está echada: o se democratiza o perece.

Renzo Abruzzese es sociólogo.

Permítanos un minuto de su tiempo.

Para desarrollar el periodismo serio e independiente, esencial en democracia, que usted aprecia en Página Siete, contamos con un equipo de reporteros, editores, fotógrafos, administrativos y comerciales de primer nivel.

Los ingresos con que Página Siete opera son producto de nuestro trabajo; no contamos con prebendas de ninguna naturaleza.

Si usted desea apoyar el esfuerzo que realizamos, suscríbase a P7 VIP, para recibir de lunes a viernes una carta informativa por correo electrónico, que contendrá un resumen de las noticias y opiniones más interesantes de Página Siete, a un costo de sólo Bs 15 al mes.

Para suscribirse haga clic aquí o llame al número 2611749, en horas de oficina.

262
5

Otras Noticias