La escaramuza

¿Diablito, para quién trabajas?

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martes, 08 de enero de 2019 · 00:12

La mayor parte de los analistas coinciden en que los actores directos del actual proceso electoral son el MAS y sus candidatos ilegítimos e ilegales, la oposición con sus dispersos partidos, los comités cívicos en proceso de resurrección y las plataformas sociales desmovilizadas y debilitadas por efecto de la LOP. El catalizador que alimenta a todos los involucrados gira en torno al 21F. Veamos brevemente la situación de cada actor.

Evo Morales, la estrella de este curioso espectáculo, invirtió cientos de millones en su imagen por más de una década. Todo el accionar del MAS estaba pensado para hacer de Morales el caudillo insustituible, eterno y total. Cuando llegó el momento de mostrar a la sociedad civil la indestructibilidad del monarca, el régimen convocó de mutuo propio a un referéndum y como todos sabemos el pueblo le dijo no. El caudillo quedó preso de su propia trampa.

Los renacientes partidos también quedaron entrampados: si participan, legitiman la presencia ilegal e ilegítima de ambos oficialistas, si no lo hacen, le entregan el poder en bandeja de plata y permiten que el acto eleccionario legitime su mandato “chuto” por sí solo. Si participan en las elecciones generales la opinión publica pensará que le “hacen el juego” al oficialismo, si no lo hacen dirá que no tuvieron la talla para enfrentarlo.

  Los comités cívicos se fortalecieron súbitamente porque una buena proporción de ciudadanos no cree en los partidos y encuentra en los comités un mecanismo de expresión y participación. El problema es que la acción de estas instituciones cívicas no tiene efectos políticos y estatales por sí misma, de manera que están entrampadas en dos opciones posibles: Si apoyan la democracia sólo pueden hacerlo (en esta particular coyuntura) a través de los partidos, lo que los transforma en actores más políticos que cívicos. Si no actúan políticamente a despecho de sus propias posiciones doctrinales y el oficialismo gana las elecciones, la opinión publica les echará en cara que le “hicieron el juego a la dictadura”.

Las plataformas ciudadanas que constituyeron no hace mucho en una verdadera amenaza a las pretensiones despóticas del régimen fueron enormemente debilitadas por efectos de la LOP. Sin embargo, se estructuran en base a tres axiomas: El primero, sostenía que no hacían política. No eran ni pretendían ser políticos. El segundo, expresaba un profundo desprecio por los partidos y no se aproximaban a ellos para no “contaminarse”,  y el tercero, sostenía que su independencia les aseguraba la vigencia y poder social que representaban. Ninguno de los tres dio resultado alguno en términos de la coyuntura. Ahora tienen menos fuerza, más desorganización y menos posibilidades reales de poder político. La trampa en este caso fue la LOP. Su destino está ahora en lo que más desdeñaron; los partidos políticos.

Si barajamos posibilidades no resulta difícil percatarnos que la solución para las plataformas y movimientos ciudadanos consiste en articularse militantemente a los partidos políticos, pues junto a ellos evitan su previsible difuminación. Los partidos políticos para salir del atolladero sólo necesitan unirse en torno al candidato con mayor caudal de apoyo y derrotar a Evo Morales. Juntos serán muy difíciles de vencer y/o destruir, separados los van a pulverizar. Los comités y movimientos cívicos se reinstalarán en el imaginario social si la ciudadanía reconoce en ellos un actor decidido a apoyar la democracia y eso sólo podrán hacerlo apoyando a los partidos políticos idealmente unidos. 

Evo Morales y el MAS para salir del apuro sólo necesitan reconocer la victoria del 21F, retirar su candidatura e irse a sus casas hasta las elecciones del 2025. Excepto que, hacerlo conlleva el inminente desplome del MAS pues todos sabemos que el MAS sin Evo se cae como un castillo de naipes, y para colmo, no hay quién lo sustituya. En términos políticos, la solución posible no es solución para Evo y menos para el MAS, al contrario, es su final. 

De los cuatro actores de la coyuntura tres pueden alcanzar soluciones ventajosas (que no es lo mismo que fáciles). El único que no tiene salida, salvo que decida quedarse a la mala y bajo un régimen dictatorial, es Evo Morales. Resulta que de todas las trampas del poder masista, la única que funcionó es la que les puede cortar la cabeza. Quizá la pregunta que les quita el sueño sea: ¿diablito, para quien trabajas?

 

Renzo Abruzzese es sociólogo

 

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