Renzo Abruzzese

Maduro: el peor de todos

martes, 09 de julio de 2019 · 00:11

El informe de la ONU sobre la situación de Venezuela ha confirmado una versión que la diplomacia internacional, en una incompresible pasividad cómplice, y algunos regímenes de corte dictatorial negaban de principio a fin: la certeza de que Venezuela está en manos de un puñado de criminales cuya magnitud sobrepasa todas las experiencias dictatoriales registradas en la historia reciente de nuestros pueblos. 

No lo dijo el “imperio” o alguno de sus “agentes”, no lo dijo la derecha o los neoliberales; lo dijo la señora Bachelet, la misma que se codeaba con todos los dictadores latinoamericanos cuando disfrutaba del poder. Dato significativo porque muestra que el genocidio del régimen narco-asesino en Venezuela excede los propios límites ideológicos del socialismo siglo XXI.

La certeza de que estamos frente a la peor dictadura en la historia latinoamericana reciente obedece a un simple ejercicio aritmético. Se ha establecido que Pinochet, en 17 años de brutal dictadura, asesinó aproximadamente 40.000 ciudadanos chilenos, lo que daría un total de 196 crímenes por mes, esto es 6,5 asesinatos diarios. Maduro ejecutó extrajudicialmente 6.800 en 20 meses, lo que le da un cociente de 340 ejecuciones por mes, más o menos 11 por día, el doble de lo que mataba Pinochet en Chile.  

Maduro asesinó en menos de año y medio  17% de lo que Pinochet hizo en 20 años de dictadura. Si hipotéticamente el asesino venezolano continuara –como Pinochet, 17 años más en el poder– tendría más muertos en su haber que el dictador mapuche (cerca de 30.000 ciudadanos venezolanos; más que Pinochet en todo lo que duro la dictadura chilena). Venezuela, considerado uno de los países más violentos del planeta, registró el año pasado 23.047 asesinatos. Las ejecuciones extrajudiciales que el tirano realizó en 14 meses, según el informe de la ONU (de enero de 2018 a agosto de 2019), representan el 35% del total de víctimas por inseguridad y criminalidad en el país bolivariano. En términos probabilísticos, cada venezolano tiene un tercio de probabilidades de que lo asesine un comando chavista, a que lo mate un delincuente común.

Una situación similar encontramos por referencia a la más temida de las dictaduras latinoamericanas del siglo XX, la de los militares argentinos. El exdictador Videla confesó que desde 1976 a 1983 se asesinaron entre 7.000 a 8.000 ciudadanos. Lo que supone 1.142 por año, 95 por mes y tres por día. (cifra irrisoria, por cierto, ya que los datos extraoficiales registran más de 40.000 “desaparecidos” durante toda la dictadura argentina). 

Si Maduro permaneciera el mismo tiempo que permanecieron los militares argentinos, siete años, teóricamente asesinaría una cifra similar a la de los gorilas argentinos; es decir, 7.665 ciudadanos, que lo único que reclaman es libertad, comida, salud y dignidad.

Ese es el tamaño de la dictadura que Evo Morales y sus acólitos apoyan, y el problema no está en que lo apoyen, sino en que ese es el “modelo” en que se sienten más cómodos. Vanamente el caudillo se llena la boca comparando su “democracia” con las dictaduras militares latinoamericanas; su ídolo, es, con creces, mucho peor que todos ellos juntos.

Baudrillard decía que “más allá de ciertos límites ya no existe relación de causa efecto, sólo existen relaciones virales de efecto a efecto y la totalidad del sistema se mueve por inercia”. Este parece ser el principio activo de la dictadura Chavista. Sus fuerzas opresoras se mueven por la propia inercia del crimen. Cada asesinato sólo es comparable con el anterior. Todo circula dentro los límites del crimen, nada fuera de ellos.

El narcotraficante, el sicario, el paramilitar y el militar-policía existen sólo bajo la episteme del crimen. Probablemente por esto, un distinguido analista inglés declaró que lo de Venezuela “nadie lo entiende”. Es cierto, desde la esfera de lo legal, de lo normal, de lo racional, nadie lo entiende, y es que la dictadura de Maduro no encaja en estas categorías; pertenece a la esfera del mal.

Todo esto se acompaña de una narrativa degradada al punto de equipararse con la argumentación de un colegial de secundaria. Los argumentos serios, el discurso político de altura ha desaparecido, al punto que el tirano chavista puede decir, sin siquiera sonrojarse, que encuentra “demasiada coincidencia que maten a alguien y al día siguiente esté muerto” (sic). 

Los incas optaron por borrar de su historia a todos los que se parecían a Maduro o sus émulos. Lo hicieron de tal forma que ni siquiera la vergüenza que el pueblo sentía por ellos debía existir; claro, como nadie es eterno sólo hay dos caminos: o pagan sus culpas o la propia historia los entierra para siempre.

 

Renzo Abruzzese es sociólogo.
 

 

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