Renzo Abruzzese

Mesa, Arce Catacora y Camacho

martes, 6 de octubre de 2020 · 00:12

Está claro para todos los ciudadanos que estas elecciones son cruciales por dos motivos: si gana el MAS tendremos por muchos años un gobierno autoritario, y si gana el MAS, lo primero que hará será radicalizar su naturaleza dictatorial y arrasará con todo vestigio de oposición. Esto no necesita de mucha inteligencia, es el producto de nuestra experiencia, no en vano los vimos hacer lo que les venía en gana durante 14 años. La situación plantea una disyuntiva muy clara: o le ganamos o nos preparamos para lo peor. 

Hay momentos en la historia en que “el bien mayor” se impone a pesar de nuestras desavenencias y desacuerdos, y ese es exactamente el momento en que vivimos. Tampoco se trata de votar por votar, debemos votar por aquella candidatura que sea capaz de contener las fuerzas más oscuras de la historia moderna del país, encarnadas en el candidato del MAS Luis Arce Catacora, que es en realidad la pantalla del que en verdad manda en ese partido: Evo Morales.

De todas las candidaturas hay tres que tienen un contingente de votos equivalente al 68% del total habilitado. El MAS con 30,6%, Comunidad Ciudadana de Mesa con 24,7% y Creemos de Camacho con 12,7%. Los dos primeros cubren el país completo, Camacho es una opción básicamente local. 

El candidato del MAS encarna las fuerzas que pulverizaron la institucionalidad democrática e instalaron en el país el régimen más inmoral y corrupto de la historia republicana nacional. Pisotearon desde la Constitución que aprobaron en un cuartel, hasta las enseñas nacionales que aparecieron en puertas de un prostíbulo. Su jefe tiene acusaciones que en cualquier situación normal habrían ocasionado su encarcelamiento inmediato, empero, en 14 años domaron la consciencia nacional y transformaron la moral ciudadana permeable, flexible, incrédula y hasta cierto punto sumisa. Esa es la opción que representa Luis Arce Catacora en nombre de Morales. 

No se trata solamente de que se robaron miles de millones de bolivianos y corrompieron todos los poderes del Estado; se trata de que hirieron de muerte la moral ciudadana. No debiera extrañarnos después de Evo Morales la magnitud de los crímenes, feminicidios, drogadicción y criminalidad que hoy vemos; estamos cosechando lo que desde los más altos sitiales del Estado hacinan los masistas cotidianamente.

La segunda opción, Carlos Mesa, encarna la figura de un dignatario de Estado. Se le pueden atribuir dudas y dubitaciones que resultan fáciles de creerse si no se conociera el contexto en que éstas se dieron, pero más allá de esto, el aplomo de su personalidad, la experiencia, la honestidad y la moral ciudadana que lo acompañan sería, por si solas, la mejor razón para cerrarle el paso al embate de los corruptos e inmorales que pretenden volver al poder con Evo detrás de bambalinas y Arce Catacora como alfil del mal.

Cuando comparamos las dos figuras dominantes del último lustro, el masismo y  Carlos Mesa, no se requiere mucha ciencia para saber por qué Mesa le ganó las elecciones en octubre pasado, pese a que el masismo controlaba prácticamente todo el aparato de Estado; la razón era simple, los bolivianos nos cansamos de un dictador sin moral, sin religión, sin principios, sin más atributo que una egomanía patológica. Mesa, en cambio, se presenta como la antítesis de todos estos males, a lo que se suma su capacidad intelectual y su ecuanimidad de juicio a la hora de juzgar el curso de la historia. 

No se trata pues de escoger entre un discurso y otro, se trata de escoger entre la posibilidad de reconstruir un país devastado por la inmoralidad, la corrupción y el odio, por otro que intentará reconstruir un país desde las bases de su moral ciudadana y el imperio de la ley.

Camacho se presenta como una opción local cruceña. Un hombre valiente que ha comprendido que está en su cuarto de hora y que con su participación ciudadana podría fácilmente alcanzar un liderazgo nacional en tiempos normales, el inconveniente es que  no son tiempos normales. Estamos en la mayor y más peligrosa emergencia nacional. Debemos escoger entre ser gobernados por un ejército de corruptos inmorales, o por un hombre de moral y capacidad probada. 

Es ya imposible que Camacho (a no ser que cometa errores realmente graves) pueda abandonar el sitial de líder cruceño, empero, ese liderazgo puede verse gravemente dañado si una lectura equivocada de la coyuntura, una mirada inmediatista de corto plazo, lo transforma en el facilitador del retorno del masismo. Camacho tiene el futuro por delante, si no ha comprendido que ese futuro apenas está empezando, no ha comprendido el privilegiado sitial que le otorga la historia. Si una visión equivocada termina frustrando las aspiraciones democráticas del 70% de la ciudadanía, mucho antes de lo esperado, se habrá puesto a la misma altura del masismo. Muy lejos de lo que los bolivianos esperamos de él.

 

Renzo Abruzzese es sociólogo.
 

 

 

 


   

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