Renzo Abruzzese

Cuando los números mienten

martes, 10 de marzo de 2020 · 00:12

Dos investigadores asociados al Instituto Tecnológico de Massachussettc (MIT) hicieron un curioso informe presentado por una también curiosa organización privada de nombre Centro de Investigaciones en Economía y Política (CERP), dirigida por Mark Weisbrot, conocido en los medios académicos como asesor del chavismo. 

El artículo señala que no existe evidencia estadística para sostener que hubo fraude y que eventualmente Evo Morales hubiera ganado en primera vuelta por un pequeño margen. Pocos días después el MIT rechazó haber elaborado el informe y aclaró que los dos investigadores, Jhon Curiel y Jack Williams, realizaron el estudio en calidad de “consultores independientes” pagados por el CERP, sin ninguna relación con el MIT.

Los argumentos que esgrimen los dos burócratas sostienen que el interregno en el conteo de votos no habría alterado en nada el resultado final. Lo hace después de calcular una correlación entre el total de votos antes de la interrupción del TREP y después de la misma.  La primera duda metodológica surge cuando nos percatamos que las correlaciones son medidas estadísticas destinadas de medir la fuerza de asociación entre dos variables, normalmente una dependiente (el efecto) y una independiente (la causa). 

Este estadístico arroja valores matemáticos que nos permiten establecer cuánto de un resultado se debe o está asociado a una causa determinada. Se dice así, por ejemplo, que existe una alta correlación entre la talla y el peso de una persona, porque ineludiblemente a medida que la persona crece aumenta el peso. La correlación en este ejemplo mide la fuerza de la asociación entre dos variables (la talla, por un lado, y el peso, por el otro). 

Es de esperarse un coeficiente muy alto, 0,95, por ejemplo. La fuerza de la correlación se mide en una escala de 0 (cero) a 1 (uno). Cero significa asociación nula y uno asociación total. Pero esta medida requiere que la relación causa-efecto se dé entre dos variables diferentes. Lo que hicieron los “investigadores” es relacionar (entiéndase calcular la correlación) entre dos momentos de la misma variable “votos computados” y para que pareciese dos variables la dividieron en “antes” y después”; es decir, dado que no se trata de dos variables, esa correlación no tiene sentido, no expresa nada, y además resulta obvio, tratándose de la misma variable que el resultado resulte muy alto.  

Se añade a esto que, como curándose en sano, aclaran que la base de datos que utilizaron era la oficial de TSE echa pública en el sitio web oficial del Tribunal; es decir, la base en que aún se computaba a los muertos, los dobles, los inventados y los aparecidos. 

Este impasse, que obviamente posee un trasfondo político, apuntaba a brindar al MAS un argumento fraudulento, tan grave como el fraude que ocasionó la fuga de su jefe y evitó la victoria de Carlos Mesa. Este tipo de publicaciones son frecuentes cuando la magia de los números y los artificios estadísticos se los usa de forma deshonesta, interesada o se los negocia de alguna manera. Felizmente la OEA salió al paso para echar al tacho de basura semejante “paper”.

Si los resultados mostraran pruebas estadísticas con mayor pertinencia, si hubiera existido un cálculo científico de las probabilidades, si los “consultores” americanos nos hubieran dicho cuánto pesó en el resultado el azar y hubieran utilizado una base de datos depurada, probablemente sus argumentos hubieran sido mínimamente creíbles. Aunque es poco probable que bajo esos términos de referencia los hubieran contratado. Lo cierto es que sus resultados sólo hacen parte de la apología del delito de fraude que el MAS disemina por doquier.

Renzo Abruzzese es sociólogo.

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