Entre ceja y ceja

La trampa del revocatorio

miércoles, 11 de mayo de 2016 · 00:00
Ya suman varias las organizaciones sociales e individuos que hablan, todavía en voz baja, de la posibilidad de que el año próximo se promueva un referendo revocatorio de autoridades electas en los comicios de octubre de 2014 y marzo de 2015. 

Recordemos que la Constitución Política del Estado en vigencia establece en su artículo 240 que toda persona que ejerza un cargo electo podrá ser revocada de su mandato siempre y cuando hubiese transcurrido al menos la mitad del periodo de su mandato. La misma disposición manda que para convocar a referendo revocatorio es necesaria la solicitud de al menos el 15%  de votantes inscritos en el padrón electoral. La institución del revocatorio es otra de las novedades del nuevo texto constitucional y aunque se practicó ya una vez en 2008 y esporádicamente en 2013, esta sería la primera vez que se lo realice masivamente y con las debidas formalidades normativas.
 
A primera vista da la impresión de que la inclusión de este mecanismo de democracia directa es algo plausible y que podría utilizarse eventualmente ante gestiones caóticas e ineficientes que merecen concluirse antes del periodo establecido. Sin embargo no es el caso nuestro. Claramente el revocatorio fue introducido en la Constitución para echar mano de él en momentos críticos en los que el Gobierno necesite desesperadamente de una revalidación en las urnas. Un poco copiando el estilo de concurrencia frecuente a las urnas de los presidentes de Ecuador y Venezuela, se ha consignado este expediente de resolución de las crisis terminales de gobernabilidad.
 
Tanto es así que la Ley del Régimen Electoral ha establecido unos requisitos delirantes para que el revocatorio sea posible. Primero,  ha establecido, en franca violación a la Constitución (lo cual  ya no es novedad para nadie después de la validación de las elecciones judiciales donde el nulo y blanco fueron mayoría), que para autoridades nacionales son necesarias las firmas y huellas dactilares de por lo menos el 25% del padrón electoral, además de que este porcentaje debe incluir al menos el 20% del padrón de cada departamento. 
 
Segundo, dice que se producirá la revocatoria de mandato si se cumplen las siguientes dos condiciones: el número de votos válidos emitidos a favor de la revocatoria es superior al número de votos válidos emitidos en contra y que el número y el porcentaje de votos válidos a favor de la revocatoria sea superior al número y el porcentaje de votos válidos con los que fue elegida la autoridad.
 
O sea, como se puede advertir, para revocar al presidente Evo Morales y/o al vicepresidente Álvaro García Linera se necesitaría  el 62% de los votos emitidos y que adicionalmente superen los más de tres millones ciento setenta y tres mil votos que obtuvieron en ocasión de su elección. 
 
De allí que sea lícito sospechar que quienes se hallan promoviendo un eventual revocatorio en realidad lo que quieren es consolidar la gobernabilidad de nuestros actuales mandatarios mediante una nueva consagración electoral que les dé oxígeno por los todavía largos tres años que queden de mandato.
 
Hablar de revocatorio luego de los resultados del referendo del 21 de febrero es simplemente jugar a la estrategia gubernamental de los segundos tiempos. Bolivia no necesita de revocatorios y, por el contrario, requiere que sus actuales gobernantes acepten la voluntad popular y se dediquen a cerrar de la mejor manera posible su gestión y entreguen el poder a quien resulte electo en 2019.
 
Los resultados del referendo debieron habernos dado seguridad a la ciudadanía y a las autoridades sobre el futuro inmediato de nuestra institucionalidad democrática. El continuar un debate estéril sobre nuevos referendos o, como es el caso que comentamos, de eventuales revocatorios, genera incertidumbre con la secuela de intranquilidad que aquello conlleva. Lo ideal fuera que surjan voces sensatas que desahucien las pulsiones que buscan torcer el rumbo que ha definido la gente.
 
Ricardo Paz Ballivian es sociólogo.

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